Donald Trump habló con Nicolás Maduro pero según Bloomberg está haciendo "más daño que bien"
Donald Trump habló con Nicolás Maduro pero Bloomberg le aconseja: "USA necesita una estrategia en Venezuela, no ataques aéreos".
01 de diciembre de 2025 - 06:40
El presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó que había hablado con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, pero se negó a dar detalles de la conversación ocurrida en medio de la escalada de tensión en el Mar del Caribe.
“La respuesta es sí", dijo Trump cuando se le preguntó si había hablado con Maduro cuando dialogaba con la prensa a bordo del Air Force One de regreso a Washington DC.
El mandatario evitó abundar sobre los detalles: "No quiero comentar al respecto”.
La conversación entre Trump y Maduro habría ocurrido la semana pasada para acordar una posible reunión entre ambos en USA, según reportó el viernes 28/11 el diario The New York Times con base en fuentes anónimas familiarizadas con el asunto.
La llamada, que incluyó al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, no resultó en planes concretos para el encuentro, añadió el informe del diario neoyorquino, que tampoco compartió más detalles sobre lo discutido entre ambos líderes.
La tensión entre USA y Venezuela ha escalado y este sábado 29/11 Trump advirtió a los pilotos y aerolíneas que consideren el espacio aéreo venezolano y sus alrededores "cerrado".
Cuestionado sobre si la alerta significaba un ataque inminente en tierra venezolana, el mandatario se negó a hablar sobre su mensaje compartido en su red Truth Social.
En contraste, Trump dedicó varios minutos a defender al secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien se encuentra en el ojo del huracán por supuestamente haber ordenado "matar a todos" los ocupantes de una supuesta lancha de narcotraficantes, de acuerdo con un informe del The Washington Post.
Según el diario, que citaba a 2 fuentes con conocimiento directo de la operación, después de que el 1er. misil impactara en el barco los comandantes se percataron de que había 2 tripulantes que se aferraban a restos de la embarcación.
El comandante a cargo del operativo ordenó entonces un segundo ataque para cumplir con las instrucciones de Hegseth, quien había ordenado "matar a todos" los presentes en el barco.
“(Hegseth) dijo que no ordenó eso y le creo”, dijo Trump.
Hegseth ha calificado la información del rotativo de “noticias falsas”, una expresión recurrente en la Casa Blanca para referirse a la información negativa.
Pero esta vez tendrá que explicar a un comité del Senado de USA sobre el supuesto ataque calificado por legisladores demócratas como "crimen de guerra".
portaaviones eisenhower
Portaaviones clase Nimitz USS Dwight D. Roosevelt.
No hay estrategia
En forma simultanea el Consejo Editorial de Bloomberg difundió el siguiente texto:
Estados Unidos ha desplegado una gran variedad de activos militares frente a las costas de Venezuela, pero el propósito de esta armada aún no está claro.
Se podría decir que la campaña ad hoc del gobierno contra el tráfico de drogas está haciendo más daño que bien, y muchos estadounidenses estarían a favor de un mayor enfoque en la principal causa de sobredosis en Estados Unidos: el fentanilo contrabandeado desde México. Se podría decir que la campaña ad hoc del gobierno contra el tráfico de drogas está haciendo más daño que bien, y muchos estadounidenses estarían a favor de un mayor enfoque en la principal causa de sobredosis en Estados Unidos: el fentanilo contrabandeado desde México.
La Casa Blanca necesita decidir cuáles son sus objetivos y destinar los recursos adecuados para alcanzarlos, ya sea para tratar de expulsar al dictador Nicolás Maduro del poder o detener el flujo de drogas a Estados Unidos.
Con el despliegue del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo, USA ha acumulado una temible cantidad de activos frente a las costas de Venezuela: docenas de cazas de combate avanzados, miles de tropas, destructores con misiles guiados, fuerzas de operaciones especiales, drones armados, helicópteros de combate y, posiblemente, un submarino nuclear. Sin embargo, sería más útil contar con una estrategia.
El propósito de esta armada sigue siendo obstinadamente opaco. Los ataques contra lanchas rápidas que supuestamente transportan drogas en el Caribe y el Pacífico oriental, que han matado a más de 80 personas desde principios de septiembre, difícilmente requieren tal potencia de fuego.
Según informes, el Pentágono ha generado opciones para expandir la campaña a objetivos en la propia Venezuela, presumiblemente con la esperanza de expulsar al dictador Nicolás Maduro del poder.
Al mismo tiempo, el Presidente negó tales planes a finales del mes pasado, y los funcionarios de la Casa Blanca parecen no tener claro el fundamento legal de un ataque.
Muchos estadounidenses preferirían un mayor enfoque en el narcotráfico, que contribuyó a más de 80.000 muertes en USA el año pasado, 10 veces más que las guerras en Irak y Afganistán juntas.
Pero la naturaleza improvisada de la campaña del gobierno posiblemente esté haciendo más daño que bien.
Centrarse en el Caribe ignora la principal causa de las sobredosis en USA: el fentanilo contrabandeado desde México. Considerados ampliamente como ilegales, los ataques con embarcaciones han llevado, según se informa, a socios como el Reino Unido y Colombia a interrumpir parte del intercambio de inteligencia con Estados Unidos.
Maduro, al enfrentarse a la intimidación estadounidense, podría haber reforzado su posición en el país y en la región.
Mientras tanto, los costos de esta demostración de fuerza aumentan. Operar un grupo de ataque de portaaviones consume millones de dólares al día. Cada ataque naval cuesta cientos de miles de dólares.
Además, existen desventajas indirectas: con el Gerald Ford en Latinoamérica, USA no tiene actualmente portaaviones desplegados en aguas de Europa ni de Oriente Medio. Cualquier ataque terrestre probablemente implicaría misiles Tomahawk, de los cuales USA dispone en cantidades limitadas.
Las consecuencias de un ataque de este tipo no terminarían ahí. Los ataques aéreos y con misiles no garantizan en absoluto la salida de Maduro ni un golpe de Estado. El envío de los marines podría llevar a un atolladero.
Incluso si Maduro renunciara o fuera capturado por las fuerzas estadounidenses, no hay garantía de que la transición fuera fluida. La inestabilidad política crearía más espacio, no menos , para la expansión de los cárteles.
La Casa Blanca necesita decidir cuáles son sus objetivos. Si la esperanza es que la diplomacia de las cañoneras anime a Maduro a renunciar pacíficamente, la Administración debería intensificar las negociaciones para buscar un traspaso de poder creíble.
Los ataques aéreos serían imprudentes, y mucho menos una invasión. Sin embargo, cuanto más tiempo las fuerzas estadounidenses participen en ataques puntuales, menos intimidantes serán.
Si, por otro lado, la Administración realmente quiere frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos, debería destinar los recursos adecuados.
En lugar de portaaviones y submarinos, se necesitan más guardacostas y agentes de la DEA.
En lugar de amenazar a Colombia y México —las principales fuentes de cocaína y fentanilo—, Estados Unidos debería colaborar con ellos para obtener información sobre las redes financieras y logísticas de los cárteles.
Si se requieren drones o fuerzas de operaciones especiales para misiones específicas, deberían emplearse con la plena cooperación de los países anfitriones, no de forma unilateral.
Los recursos más avanzados del Pentágono deberían centrarse en disuadir un conflicto importante con un competidor similar como China o Rusia. Cuanto antes puedan retomar esa misión, mejor.