Abuela de la nada prefiero ser" y no por rechazar ese rol familiar, algunas incluso ni siquiera son abuelas en la realidad", agrega.
“Hoy el mundo está al revés respecto a cuando era joven. Entonces los revolucionarios eran los jóvenes y los reaccionarios los viejos. Pero me dí cuenta que estos viejos, que somos ahora los rebeldes, fuimos los jóvenes de los 60 y los 70. Es decir que ya lo traemos un poco incorporado”, explicó.
Trazó el límite de las etapas de la vida en los 50 años. "Es la edad de la libertad, en tanto y en cuanto tengamos una vida medianamente digna. Primero porque las mujeres se sacan de encima el miedo de quedar embarazadas. Y segundo porque ya no hay miedo a la muerte; porque la vejez es la etapa más larga de la vida”.
Puso así de relieve que “a no ser qué estés colonizado por el discurso de que el deseo se acaba con los años” es una gran etapa de la vida.
Una filosofía de la vejez
Actualmente con 86 años, y conocimiento de causa, aprovechó sus dotes de escritora para desarrollar un ensayo titulado "Una filosofía de la vejez", en el que reflexiona con agudeza sobre esta etapa de la vida y sobre la sexualidad en la madurez.
Fue publicado por editorial Sudamericana y aborda una temática tratada en muy pocos libros, la mayoría de ellos de autoayuda.
Esta autora nacida en Ituzaingó diferenció su obra, que aborda una filosofía, la suya, de “la autoayuda, que propone recetas universales. En cambio, la filosofía crear conceptos o repite autores que han escritos antes y deja que cada lector o escucha los elabore por sí mismo”.
El enfoque que realiza de la vejez proviene de distintas ópticas. “Este libro es poner una piedra en este intento de evitar el descarte que la sociedad hace de los viejos”, aseguró fundamentándolo desde el punto de vista de la filosofía, de la política, de la economía, de las artes y del sexo.
Considera clave la edad de la que uno se percibe y la edad que uno tiene. "Recién a mis 80 años acepté que era vieja, antes sabía que lo era pero dentro de mí había algo que negaba a asumirlo".
Longevidad de los laboratorios
Analizó el rol en la longevidad de los laboratorios que trabajan en la tecnociencia. "No hay mes en que no aparezca en algún medio la noticia de que se inventó alguna droga para vivir más años", sostuvo.
En ese sentido, aclaró que en urbes como Buenos Aires el término de vida esperable es 79 años, pero en ciudades del primer mundo es 85 y 90 años en promedio.
Se podría llegar a pensar, dijo a El Destape en oportunidad del lanzamiento del ensayo, “qué lindo es llegar a tantos años, y la verdad es que no es nada lindo. Mi mamá murió a los 103 años, pero los últimos 10 estaba ciega y paralítica", aduce.
Reflexiona que tendría sentido si la tecnociencia destinara a ciencias sociales una cuarta parte de la inversión en tecnologías para que la gente viva más años, y así se podría ver cómo se puede hacer para cambiar el imaginario social.
Y lanza desafiante: "Hasta que eso pase, ¿qué sentido tiene vivir más años en una sociedad para la que los viejos somos descartables?"
Filosofía de la vejez
Su libro "Una filosofía de la Vejez" pregunta si puede haber una manera de pensar que propicie, además, una vejez activa, que se abra paso en una sociedad que muchas veces la ignora o descarta.
El libro de Esther Díaz "Una Filosofía de la Vejez" pone una piedra en este intento de evitar el descarte que la sociedad hace de los viejos.
Editorial Sudamericana
Pega de lleno en el corazón de esa etapa de la vida de inexorable atenuación pero que, aun así, puede ofrecer sus intensidades.
Si para Platón la adultez mayor traía mesura y sabiduría y para Aristóteles todo era decadencia física y mental; los estoicos, sin embargo, la estudiaron con alegría.
Deleuze, Foucault, Guattari, Sartre, De Beauvoir -entre tantos otros- abordaron la vejez desde el pensamiento y la propia experiencia.
Esther Díaz contagia en esta nueva obra toda su pasión e invita a ejercer una profunda crítica a las sociedades que tienen fobia a las vejeces y propone que "el deseo -aun antes que la esperanza- sea lo último a lo que estemos dispuestos a renunciar.