Hay una realidad que aceptar más allá de lo deportivo, nadie puede hacer crecer institucionalmente a Talleres como lo hizo Fassi, lo trajo desde el Federal “A” con 3000 socios a jugar Copa Libertadores y ser campeón de primera y con más de 60 mil socios. Ese crecimiento fue el más grande del fútbol argentino en los últimos 15 años, ni Boca ni River crecieron de esa forma.
Todo esto la gente lo sabe, y si bien en su momento querían que llegue otra persona debido a la soga en el cuello que tenía Talleres (deportivamente hablando), hoy las cosas son distintas, ante esta delicada situación deportiva prefieren malo conocido que bueno por conocer, y más por lo que generaría un cambio de presidente a pocas fechas del final.
Además Andrés Fassi hizo una jugada que para muchos fue fundamental, aceleró el tema del estadio nuevo, viajó a Estados Unidos a reunirse con una empresa constructora China (la información no confirmada por el club dice que está todo cerrado el acuerdo pero esperan a ganar las elecciones para anunciarlo con bombos y platillos) para cerrar el acuerdo, y eso le recordó a los hinchas de Talleres que ese tipo de cosas no la pueden hacer los otros dos candidatos, con Druppi y Huespe la gente tendrá un Talleres de cabotaje, con Andrés Fassi un Talleres internacional, pero hay una realidad y un error que el actual presidente de Talleres no puede volver a cometer.
Ese error es que la arrogancia no se lo vuelva a comer, que no se deje influir por la soberbia de su hijo, un gran error haberlo metido en el club ya que la gente no lo quiere, y que escuche a la gente, que no cometa el error de descuidar nuevamente el aspecto deportivo, sino será su sentencia, porque Talleres, Talleres es de la gente.
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