Las cifras se conocieron pocos días después de la Conferencia Central de Trabajo Económico, la principal reunión anual del Partido Comunista para definir la estrategia económica. Allí, los principales líderes del país llamaron a impulsar el consumo y “estabilizar” la inversión, reconociendo implícitamente las dificultades que enfrenta la economía para recuperar un crecimiento sólido y sostenible.
Durante décadas, China sostuvo su expansión a partir de un fuerte protagonismo del Estado, canalizando enormes volúmenes de financiamiento hacia infraestructura, bienes raíces y, más recientemente, manufactura avanzada. Sin embargo, ese modelo muestra signos de agotamiento, con crecientes desequilibrios, sobrecapacidad y retornos decrecientes sobre la inversión.
El enojo de Xinping
En ese contexto, Xi Jinping lanzó una crítica poco habitual por su tono y contenido. En declaraciones publicadas el domingo 14/12 por el Diario del Pueblo, el presidente apuntó contra las “inversiones desmedidas”, las zonas de desarrollo sobredimensionadas, las “cifras infladas” y los “inicios de construcción falsos” utilizados —según dijo— para crear una imagen artificial de buen desempeño económico.
“Algunos lugares ignoran la realidad y siguen ciegamente las tendencias”, afirmó Jinping, al tiempo que instó a los funcionarios locales a buscar un crecimiento genuino, sin exageraciones ni maniobras contables.
También cuestionó la inversión indiscriminada en tecnologías avanzadas como los semiconductores, un sector prioritario para la estrategia industrial del país, pero donde —según el liderazgo— se han multiplicado proyectos poco viables.
El mensaje incluyó una advertencia directa:
Aquellos que sean poco realistas, apresurados, imprudentes y caóticos en sus esfuerzos tendrán que rendir cuentas estrictamente. Aquellos que sean poco realistas, apresurados, imprudentes y caóticos en sus esfuerzos tendrán que rendir cuentas estrictamente.
La declaración refuerza la intención de Beijing de ejercer un mayor control sobre los gobiernos locales, muchos de los cuales enfrentan altos niveles de deuda y presiones fiscales.
Los últimos datos y el tono del discurso presidencial evidencian el delicado equilibrio que enfrenta China: frenar los excesos del pasado sin provocar una desaceleración más profunda. Mientras el gobierno busca reactivar el consumo y mejorar la calidad del crecimiento, los números recientes muestran que el camino hacia una recuperación más sólida sigue siendo incierto.
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