Al respecto, las fabricantes tradicionales lanzaron una advertencia reciente dirigida al presidente Lula. Mediante la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores (Anfavea), marcas como Toyota, General Motors, Volkswagen y Stellantis pusieron en agenda la liberación de aranceles para vehículos chinos y el riesgo que esa política implica para miles de puestos de trabajo dentro de la industria brasileña.
En ese orden, las fábricas denunciaron un pobre proceso de industrialización con el desembarco de BYD, a la que señalaron por dedicarse a montar vehículos desarmados que llegan desde China. Con esa maniobra, la mayor fabricante de vehículos eléctricos del mundo evitaría aranceles por importación al mismo tiempo que no enfrentaría costos y cargas sociales que sí están integrados en la fabricación de autos con mayor porcentaje de piezas locales.
En su defensa, BYD repudió públicamente la postura de las principales fabricantes de Brasil, a las que acusó de defender un modelo de negocios agotado y que dejó al consumidor brasileño “rezagado” en términos de innovación y desarrollo.
Las marcas chinas ofrecen vehículos con equipamiento superador al estándar regional a precios competitivos.
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Lula da Silva permite la llegada de autos chinos a Brasil.
La ola llega a Argentina y también golpea a Javier Milei
Naturalmente, la tensión del mercado automotriz brasileño se traslada directamente a Argentina. Cabe recordar que el país vecino concentra la mayor parte de las exportaciones de autos que se fabrican en Argentina, como así también la mayor parte de los vehículos particulares que se importan al mercado local.
Si bien en Argentina no se produjo el desembarco fabril de marcas chinas, su presencia también se aceleró notablemente en los últimos meses. Lo hizo de la mano de una apertura de importaciones, que incluyó un cupo de 50.000 vehículos híbridos o eléctricos extra zona que llegarán al país sin tributar aranceles de protección.
Dentro de ese programa, un porcentaje mayoritario (cerca del 40%) del cupo otorgado fue destinado a la importación de autos chinos. Algo que representa una amenaza a la hegemonía de las fabricantes con sedes locales, que enfrentan costos mucho más altos.
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Argentina impulsa la importación de autos, en gran medida desde China.
Por otra parte, se espera que la fabricación de autos chinos en Brasil comience a proveer, tarde o temprano, al mercado argentino instalando precios aún más bajos que los actuales. Un esquema que pondría contra las cuerdas a la oferta local, que recientemente experimentó un pico histórico de costo en dólares.
Al igual que sus pares brasileñas, las automotrices argentinas avanzaron en un reclamo unificado. Lo hicieron mediante la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), entidad que emitió un documento advirtiendo el desembarco de un modelo “frankenstein” de fabricación casi completamente china circulando por los canales de exención tributaria del Mercosur.
De esa forma, por vías ideológicas diferentes pero con resultados similares, el Gobierno argentino y el brasileño tendrían en puerta el enojo de los fabricantes locales y una creciente presión para frenar la embestida china sobre el mercado local.
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