El Índice de Precios Básicos del Productor (IPP), que mide la evolución de la producción local incluyendo exportaciones, marcó un incremento de 3,5%, impulsado por un fuerte salto de los productos primarios (5,9%), mientras que los manufacturados treparon 2,7%.
En el acumulado anual, el IPIB sube 16,1%, mientras que el IPP alcanza 16,6%.
El riesgo de pass-through
Con el dólar oficial prácticamente clavado en el techo de la banda, el mercado advierte que el traslado a precios minoristas (pass-through) puede acelerarse. La experiencia de los últimos meses mostró que, aunque parte de la devaluación fue contenida en los márgenes de las empresas, tarde o temprano se filtra al IPC.
La preocupación es que el IPIM ya corre al 22,1% interanual, mientras que el IPC sigue rezagado, lo que abre espacio para que la inflación de consumo repunte en los próximos meses.
El índice que Milei mira como “anticipado”
El presidente Javier Milei repite en sus discursos que el IPIM funciona como un indicador adelantado del IPC. Durante un evento en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, el mandatario recordó que “recurrentemente solemos trabajar con lo que es el índice de precios mayoristas, porque es anticipado. Entonces, como va anticipado, se puede ver con mayor claridad y ahí pasamos de niveles del 54% mensual a niveles de deflación, o sea, después de cerca de 17 años tuvimos un dato de deflación. Con lo cual, pasamos de niveles que anualizado estaban en torno al 17.000%”.
La suba de agosto, entonces, representa una mala noticia para la Casa Rosada. No solo porque rompe con la narrativa de desaceleración que el Gobierno busca consolidar, sino porque anticipa un posible rebote inflacionario que tarde o temprano podría trasladarse al consumo masivo.
¿Un golpe al relato antiinflacionario?
Durante sus presentaciones públicas, Milei insiste en que el IPIM es el termómetro más fiel de su estrategia antiinflacionaria. Incluso celebró meses atrás haber mostrado un dato de deflación en este índice, después de casi dos décadas.
Sin embargo, la aceleración de agosto marca un punto de inflexión incómodo: el índice que el propio Presidente eligió como referencia volvió a mostrar presión alcista.
Con el consumo todavía débil y la actividad en retroceso, la incógnita es cuánto de este salto mayorista se trasladará a los precios de góndola. Lo cierto es que, en la previa a las elecciones de octubre, la estadística vuelve a exponer las tensiones de la política económica y deja al Gobierno con menos margen para sostener su relato de “inflación en baja”.
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