Entonces, el FMI avisó de una posible caída combinada del crédito en las economías de la periferia del euro, entre las que está España, del 18%, con los bancos europeos abocados a deshacerse de 4,5 billones de dólares en 30 meses. En ese escenario tremedista, el PIB español caería un 3,2% y la prima de riesgo se dispararía hasta los 750 puntos.
Frente a esa situación, el FMI entiende en su informe de Estabilidad Financiera Mundial de abril, que acaba de publicar, que, por ahora, el mundo se está comportando de acuerdo a sus previsiones más intermedias.
Así, actualmente el crédito en el área monetaria está cayendo a tasas cercanas al 9%, recortando el desapalancamiento financiero a 2,8 billones de dólares (el 7,3% de los activos). Un escenario en el que el PIB español caerá un 1,6% este año.
Pero el diagnóstico no es similar para los dos lados del Atlántico. Mientras que ve una clara mejora en la banca de USA, advierte de que “muchas” entidades de Europa necesitan “un ajuste significativo”, pues presentan problemas relacionados con los altos costes de financiación, el deterioro de la calidad de los activos y la escasa rentabilidad.
El FMI pide incluso a las potencias más fuertes que sigan el ejemplo de la perifieria y que reestructuren o liquiden las entidades más débiles. Al tiempo, todo el euro debe tomar medidas “decisivas” para incentivar la creación de nuevas defensas de capital y liquidez como parte de la implementación uniforme a escala internacional de Basilea III.
En ese proceso, el Fondo que no duda en poner la Sareb española como ejemplo. Aunque es sólo el principio, pues entiende que las entidades de España, Portugal, Grecia, Irlanda, Italia o Portugal sentirán mayor presión sobre la calidad de sus activos ante el escaso crecimiento económico.
A ello se suman los altos niveles de deuda pública y privada, grandes protagonistas del informe del FMI. En él estima que el sobreendeudamiento de las empresas cotizadas en la periferia del euro equivale hasta una quinta parte de la deuda pendiente de pago.
El responsable financiero del FMI, José Viñals, ha echado mano este miércoles de las socorridas metáforas meteorológicas para presentar las nuevas perspectivas. “La primavera ha llegado claramente, y también ha ocurrido en los mercados financieros globales, donde después de repetidas tormentas y nubes amenazantes, está surgiendo el cielo azul y más días soleados”.
La buena marcha de las principales bolsas mundiales de los últimos meses y la mejora de los títulos de deuda pública de los países con más problemas —como España— dan buena cuenta de esta sensación de alivio. El panorama, sin embargo, empieza a oscurecerse cuando se acerca el foco al flujo de crédito –se ha contraído un 5% desde el inicio de la crisis-, el sobreendeudamiento de muchas empresas o la contracción prevista para la Eurozona. Sí, se ciernen más nubarrones sobre la economía.
En el caso europeo, la mayor parte de la mejora se debe al programa de compra de bonos soberanos que aprobó el Banco Central Europeo (BCE) para ayudar a los países que soliciten el rescate, un mecanismo que sin necesidad de ser aplicado ha producido un efecto de placebo y ha reducido los intereses que los inversores piden por adquirir títulos de deuda de los países periféricos. “Aunque los inversores y los funcionarios parecen cómodos con el hecho de que el programa OMT [siglas en inglés de este plan] permanezca virtual, esta dinámica podría cambiar”, agua la fiesta el FMI. Además, la situación política en Italia complica la implantación de cualquier medida y, aunque las condiciones de financiación se han suavizado para muchos países, las necesidades netas de esta financiación siguen al alza.
El Fondo advierte en su informe de que los diferenciales de intereses que los países pagan respecto a la referencia de Alemania —la llamada prima de riesgo— perderán prácticamente toda la mejora hasta 2016 si no se llevan a cabo las reformas y la economía continúa renqueante. En concreto, prevé que la prima de riesgo de los bonos españoles a dos años prácticamente se duplique, hasta superar los 400 puntos básicos (o cuatro puntos porcentuales), una tendencia que seguiría Italia (su prima pasaría de cerca de 200 hasta los 400 puntos básicos), Francia o Bélgica, aunque estos dos últimos países quedan en niveles mucho más bajos, sin sobrepasar los 100 puntos básicos.
Los mercados juegan infiltrados en todo el mundo gracias a las inyecciones de liquidez de los grandes bancos centrales, que han evitado lo peor, pero las autoridades se empiezan a preocupar por lo que ocurra cuando estos estímulos se retiren. Los riegos que están asumiendo los bancos centrales constituyen un peligro incipiente, por el síndrome de abstinencia que generan en las economías de los países, por los riegos que están asumiendo en sus balanzas y por posibles burbujas que puedan generar en los países emergentes, al rebajar tanto el precio del dinero en los países desarrollados.