Esta nueva meta supone que el FMI ha terminado aceptando una ‘relajación’ de los objetivos acordados hace sólo 10 meses, cuando se firmó el 2do. rescate del país y se acordó que Grecia debería recuperar en 2020 un nivel sostenible de deuda del 120% el PIB.
Las previsiones macroeconómicas del país han empeorado significativamente y la Troika (FMI + Banco Central Europeo + Comunidad Europea) advierte en su informe de que este objetivo es inalcanzable y se ha quedado obsoleto. De hecho reconoce que las nuevas previsiones apuntan a que Grecia tendrá ese año una deuda desbocada en el 144% de su PIB.
Los ministros reunidos fijaron un nuevo calendario para que la deuda griega se equilibre en 2020 hasta el 124% del PIB, en lugar del objetivo anterior del 120%. Se aplaza hasta 2022 el momento en el que esta carga debe caer por debajo del 110% “de una forma sustancial”, según enfatizó la jefa del FMI, Christine Lagarde, en el comunicado posterior a la reunión. Puede parecer un cambio menor, pero era crucial para desbloquear el pago de 43.700 millones de euros y despejar —una vez más, no se sabe hasta cuándo— el fantasma de la suspensión de pagos y de la 1ra. salida de un país de la unión monetaria.
El Eurogrupo también ha impulsado un conjunto de medidas para rebajar la deuda que sumarían un total de 40.000 millones de euros. Tras dar el visto bueno a las reformas puestas en marcha por el Gobierno del conservador Antonio Samarás, ya no hay ningún obstáculo para que en las próximas semanas llegue a Atenas una ayuda que servirá para recapitalizar unos bancos en estado comatoso y pagar los gastos corrientes de la Administración griega, como los salarios de los funcionarios y las pensiones de los jubilados.
Como dejó claro antes de entrar en la reunión el poderoso ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, Europa se ha salido con la suya y no ha cedido a las pretensiones del FMI. El órgano dirigido por la francesa Chistine Lagarde quería que los Gobiernos de la Eurozona asumieran pérdidas en los préstamos que concedieron a Grecia. El FMI insistía en que esta es la única vía para garantizar la sostenibilidad de la deuda helena.
“Todos los Estados miembros han dicho que según sus bases jurídicas no pueden aceptar una quita si tienen que dar al mismo tiempo más garantías a Grecia”, había dicho a la entrada de la reunión Schäuble.
Pero que Alemania y el resto de países se hayan librado en esta ocasión de la temida quita no quiere decir que esta no vaya a llegar. La prensa alemana publicó durante el fin de semana que el pacto podría consistir en postergar el tema hasta 2014, después de las elecciones en las que la canciller Angela Merkel aspira a revalidar su cargo.
Para conseguir el objetivo de encauzar la deuda hacia un camino sostenible, se rebajarán en 100 puntos básicos (1 punto porcentual) los tipos de interés de los préstamos concedidos a Grecia. Aunque los que participan en un programa completo de asistencia financiera (Irlanda y Portugal, por ahora) seguirán cobrando el interés original. Además, se bajarán en 10 puntos básicos los costes de las garantías que paga Grecia por los préstamos del fondo de rescate temporal o Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).
También se amplía en 15 años los vencimientos de los préstamos bilaterales y los del FEEF; y se retrasan 10 años los pagos de intereses que debe desembolsar Grecia por estos últimos. Los Gobiernos de la eurozona se comprometen a traspasar a una cuenta aparte un importe equivalente a las ganancias que el BCE ha obtenido de los bonos griegos en sus carteras desde 2010. Estas medidas se irán poniendo en marcha de forma paulatina y estarán condicionadas a que Grecia cumpla las reformas acordadas.
Pero en el futuro de Grecia aparece la inestabilidad política. Tan solo medio año después de que el conservador Antonis Samarás accediera al poder, las encuestas ya dan por vencedor en unas hipotéticas elecciones al partido de izquierdas Syriza, contrario a las condiciones pactadas en el rescate.