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Crece la presión sobre España, y Brufau la sufre en Buenos Aires

España no es Grecia, es el concepto del gobierno del Partido Popular, pero no es sencillo convencer a los mercados acerca de esa idea, segun parece... La grave situación de España le impide a Mariano Rajoy ocuparse mucho de las desventuras argentinas de Repsol, coyuntura que aprovecha Cristina Fernández para intentar recuperarse en las encuestas de popularidad, a costa de YPF.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Está muy claro que Cristina Fernández intenta recuperarse en las encuestas a expensas de YPF. Y cuenta, en la coyuntura, una situación inmejorable: la debilidad de Repsol a causa del descalabro financiero que ocurre en España.
 
Precisamente por eso resulta tan importante en la Argentina los acontecimientos en la macroeconomía española. Mientras más se prolonguen o agraven, menos podrá el gobierno de Mariano Rajoy pensar en intereses españoles en mercados de ultramar.
 
Antoni Brufau, CEO de Repsol YPF, permanece en Ciudad de Buenos Aires, sin tarea alguna: no lo han recibido todavía en el Ejecutivo Nacional, debe esperar los acontecimientos, mientras que en España hay mucho ajetreo con los asuntos propios de ese país.
 
El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, volvió a insistir: "Nadie ha planteado un rescate y nadie va a plantearlo, ni está en la agenda de nadie. Vamos a seguir con el proceso de reformas. Vuelvo a llamar a la sensatez prudencia y responsabilidad", indicó Rajoy en rueda de prensa conjunta con el 1er. ministro de Polonia, Donald Tusk, tras la Cumbre polaco-española.
 
Rajoy, que subrayó que ningún país ha acometido el paquete de medidas que ha llevado a cabo su Gobierno en apenas 100 días, insistió en que su objetivo es "hacer cumplir con el déficit público y cumplir con las reformas estructurales" puestas en marcha.
 
Él aseguró que plantear un rescate de España es algo que "ahora mismo no tiene ningún sentido. No hay intención, no se necesita y por tanto no tiene ningún sentido, y no se deben crear alarmas injustificadas", zanjó.
 
Ayuda socialista
 
El miércoles 11/04, el socialista Felipe González echó un capote al Gobierno, acosado por la tormenta financiera: "No habrá rescate a España porque si lo hay se acaba el euro y hay que rescatar a toda Europa, incluidas Italia y Francia, por mucho que presuma su presidente, Nicolas Sarkozy".
 
González se diferenció del discurso de desgaste que está utilizando el PSOE, que en el pasado él lideró, en el presente rebrote de la crisis, aunque no se privó de criticar a Rajoy por el "disparate histórico" que está a punto de cometer si acaba con la sanidad pública universal para satisfacer a los mercados.
 
González aseguró que lo que está pasando con el incremento de la prima de riesgo española respecto al bono alemán es como "una carrera de galgos" donde los gobiernos de países del Sur de Europa corren tras una liebre mecánica que "manejan" los líderes de la Unión (Merkel), y cuando alguien llega, "alejan la liebre unos metros" para que los galgos sigan corriendo "hasta que revienten". 
 
Por eso no habrá rescate, vaticinó, sino que quienes mandan pondrán más cerca la liebre "para que el galgo (Rajoy) siga corriendo" con más y más recortes de gasto.
 
Fuga
 
Sin embargo, Pablo M. Simón e Inés Abril en el diario CincoDías, de Madrid, han expresado que el capital internacional se está llevando su dinero de España, en una apuesta negativa importante.
 
"(...) Desconfianza. Se supone que eso es lo que mide la prima de riesgo, la rentabilidad extra que se le pide a la deuda española frente al activo de referencia, el todopoderoso bono alemán, porque si no nadie invertiría en ella. Y últimamente se le exige mucha.
            
Ya sucedió en agosto, con un ataque en toda regla que disparó la prima de la deuda española; se recrudeció en diciembre, y ahora vuelve a azotar.
 
Puede que la cifra concreta de ese diferencial sean 390, 420 o 460 puntos, pero lo que esconde es un problema de financiación.
             
España tiene dificultades para captar fondos si no ofrece un gran caramelo y lo mismo le sucede al sistema bancario e incluso a las empresas.
           
Es cierto que hay parte de especulación, de apretar a ver cuánto se puede conseguir y de jugar a hacer plusvalías con las desgracias ajenas, pero también hay mucho de huida, de aversión al riesgo, de retirada de tropas a los cuarteles a la espera de que llegue un tiempo más propicio para la inversión.
 
Y eso es lo que están haciendo los inversores extranjeros de forma masiva.
            
En el arranque del año pasado, la prima de riesgo nacional rondaba los 200 puntos, una cifra escalofriante en ese momento, pero que da envidia mirada desde el día de hoy, cuando se han sobrepasado generosamente los 400 puntos. ¿Qué ha pasado entremedias?
 
La respuesta es rotunda: los inversores extranjeros han retirado casi € 96.000 millones desde marzo de 2011 a enero de este año, según los datos del Banco de España.
            
Son 11 meses consecutivos de una huida de fondos que empezó de forma tímida a finales del invierno del ejercicio pasado solo para las inversiones de cartera, se acentuó a partir del verano al unirse a ella los préstamos al sistema financiero y tuvo su máximo en diciembre, cuando salieron € 36.600 millones en un solo mes. (...)".
 
Lo realmente preocupante es la salida de dinero de la deuda pública. Así, según los datos del Banco de España, los inversores extranjeros se han deshecho en 11 meses de deuda por un valor equivalente al 6,5% del Producto Interior Bruto (PIB) español de 2011 a precios de mercado.
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Y los datos recopilados por el Tesoro revelan que en febrero los inversores siguieron vendiendo letras, bonos y obligaciones. Ese mes vendieron casi € 25.000 millones y todos los indicios apuntan a que las desinversiones continuaron en marzo y persisten en abril.
 
En septiembre y octubre de 1992, durante la crisis del sistema monetario europeo, los inversores internacionales sacaron de España, € 2.000 millones, el equivalente al 0,5% del PIB de la época... y parecía el fin del mundo.
 
La buena noticia es que no está habiendo fuga de capital español hacia el extranjero.
              
Al contrario: están vendiendo activos fuera y los están invirtiendo en deuda y Bolsa españolas.
              
Desde marzo del año pasado han regresado más de € 32.000 millones.
 
2 incógnitas a resolver para recuperar confianza:
 
> Cómo van a cumplir las comunidades autónomas y cómo se va a resolver el saneamiento del sistema financiero, y
 
> Una prima de riesgo como la actual puede aguantarse unos días, si no hay vencimientos o necesidades acuciantes, pero no a medio plazo.
 
Buscando soluciones
 
En tanto, Juan Ramón Caridad, director general de Swiss & Global España, escribió en elEconomista madrileño:
 
Europa afronta dos problemas que son los que están condicionando en gran medida el comportamiento de la afamada prima de riesgo española en los últimos días. Nos miramos demasiado el ombligo, pero hay mucho más. En los próximos meses se estrenará la tercera entrega de la tragedia griega y la segunda de la portuguesa y por eso nuestra calidad crediticia se cuestiona.
 
El problema griego no está terminado y emergerá en breve. Como en toda intoxicación etílica el primer síntoma fue la negación del estado, retardando lo evidente a través de inyecciones de liquidez, y la segunda entrega fue el reconocimiento de la falta vía reestructuración de la deuda pública.
 
No obstante, lo que falta y se nos avecina tampoco es baladí. Hay que darles una solución a todas las entidades financieras, aseguradoras y empresas privadas dependientes de lo público y que no pueden financiarse. ¿Se va a nacionalizar la banca griega? ¿Se va a vender a precio de saldo? ¿Cómo de grande es este marrón?
 
El segundo motivo por el que vamos a tener una primavera muy movida que justifica las tensiones que sufren la calidad crediticia de nuestro país y nuestro índice bursátil, con fuerte peso en bancos, es Portugal.
 
Es poco respetuoso con nuestros vecinos a derecha y a izquierda decir a voz en grito que en España ya no se puede recortar más y que estamos al límite, cuando a los portugueses les subieron el IVA al 24%, los italianos se han tenido que tragar el copago en sanidad y a ambos los tienen medio intervenidos.
 
Los grandes esfuerzos de nuestro vecino, mucho mayores que los españoles, sólo sirven para ganar tiempo a la espera de una mejora en el crecimiento mundial que no acaba de llegar. Si no se produce dicha recuperación en los próximos trimestres, empezará la promoción de la segunda entrega portuguesa, la Reestructuración Lusa, y eso es un problema mayúsculo para España porque somos su gran acreedor. Eso es lo que tensiona nuestra prima de riesgo y por eso se nos pide que afrontemos más reformas.
 
Cuando se habla de recortes de 10.000 millones de euros, y salen a relucir líneas rojas o declaraciones antirreformistas, es bueno que la gente sepa que esa cantidad no sirve ni para saldar el 75% de la deuda de las empresas públicas de tan sólo dos comunidades autónomas españolas. Sin comentarios si escalamos el problema a la deuda de las comunidades, de la nación o de las familias.
 
Así nos ven desde fuera
 
Cuando uno habla con los supuestos especuladores internacionales, que son personas que tienen que decidir si le prestan el dinero de sus clientes ahorradores al Gobierno de Brasil, que da un interés del 12%, o a España al 5%, y nosotros les llamamos capitalistas opresores por optar por repartir sus inversiones entre ambos, y les pregunta cómo nos ven, la respuesta es muy clara.
 
España tiene cuatro problemas. Uno es Portugal y luego hay tres dudas existenciales que no somos capaces de explicarles con cariño.
 
La primera es nuestra tasa de paro. Se debaten entre pensar que es cien por cien cierta, y por lo tanto se asustan de la cantidad de subsidios que van a tener que salir del presupuesto público por mucho recorte que se haga, o que no es cierta y que España dobla la tasa de paro Europea y tiene un 50% de paro juvenil, porque la gente no está realmente incentivada a aceptar cualquier trabajo. Ambos casos son dramáticos y justifican un incremento de coste al que nos prestan el dinero.
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La segunda es que no entienden por qué hoy un españolito que gane un buen sueldo, y por lo tanto supuestamente etiquetado como rico y merecedor de ser frito a impuestos por ganar ese dinero a través de una nómina -ignorando si es trabajando como un animal-, no puede comprarse un piso de tres habitaciones salvo que avalen papá y mamá.
 
¿No falta todavía en España un ajuste realmente fuerte en el precio de la vivienda? ¿Cómo afectaría eso al balance de muchas entidades financieras cuando los pseudorricos puedan comprarse un piso de 100 metros cuadrados en una capital de provincia? Son dudas que los mercados tienen, y esperan respuesta.
 
Y la tercera y no menos importante es que no son capaces de distinguir al cien por cien dónde empieza y dónde acaba el Estado, la Comunidad, la Diputación, los Ayuntamientos y las empresas públicas. No tienen muy claro si le prestan dinero a una de estas cinco instituciones, dónde empiezan sus garantías para recuperar lo prestado, dónde acaban y cómo les afectan los excesos de las otras cuatro. A mí me han pedido que lo haga en inglés o en español y hago lo que puedo, pero no es fácil.
 
Grecia 3.0 y Portugal 2.0 son los dos problemas que afronta Europa. España comparte el contagio luso y tiene la obligación de dar respuesta a los tres grandes interrogantes de nuestros acreedores: paro, precios reales del mercado inmobiliario y quién es quién en nuestro modelo de país.
 
No hay que dramatizar, porque somos demasiado grandes como para que Europa mire para otro lado, aunque Draghi se haga el duro hablando de inflación, pero estamos ante un reto muy serio y no nos dejarán resolverlo con un simple: "Paga Draghi".

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