Con inversores rurales generando un flujo de visitas sostenido y un tipo de cambio estable, el precio de la hectárea en la zona núcleo (donde se encuentra el mejor suelo) puede alcanzar los 17.000 dólares en promedio según un reportaje del sitio Infonegocios a Conte Bienes Raíces. Un ejemplo de ello es el área de Marcos Juárez, en Córdoba, donde se encuentran las mejores condiciones para la actividad agropecuaria.
Por supuesto, ese costo varía según la ubicación del campo en cuestión. Las hectáreas más alejadas de las condiciones óptimas pueden caer hasta los 30 dólares, ofreciendo oportunidades más accesibles pero desafíos productivos mucho mayores.
De cualquier manera, la lógica actual sigue marcando precios locales de venta por debajo del promedio regional. Es decir, una oportunidad para aquellos inversores con poder de compra, dada la perspectiva de revalorización que se avecina en 2025.
Alquileres por las nubes
No obstante, la capacidad de comprar un campo no abunda entre los productores. De hecho, muy pocos son propietarios de la tierra que trabajan.
Esa dinámica sobre la compra y la venta también ha generado un impacto sobre los alquileres. Una modalidad sobre la cual se asientan la gran mayoría de los productores argentinos.
Actualmente, el productor “inquilino” enfrenta un costo de arrendamiento mayor al del promedio regional, incluso muy por encima de las expectativas productivas. Cabe recordar que el precio del alquiler se establece en base a proyecciones sobre el mejor escenario posible.
Para los propietarios, el precio promedio de alquiler en la zona núcleo ronda los 400 dólares por hectárea. Mientras tanto, los productores reciben varias veces menos ese valor a fin de cuentas y luego de todos los costos productivos y fiscales.