El ajuste llega en un momento crítico. Hasta ahora, los bancos contaban con un stock cercano a los $10 billones en LeFi, un instrumento clave para administrar su liquidez diaria. Pero al no poder renovarse, esos pesos deben ahora buscar destino en otras herramientas: cuentas corrientes remuneradas en el BCRA, letras del Tesoro, títulos públicos o cauciones privadas.
Una medida necesaria, pero no suficiente
La decisión oficial busca evitar que los bancos queden en rojo en su integración de efectivo mínimo, algo que ya ocurrió en la primera mitad de julio y que empujó a varios a colocar excesos en LeFi antes de que se suspendieran. Sebastián Menescaldi, economista de Eco Go, explicó que este mes fue “muy particular”, ya que durante los primeros días, sin el instrumento de regulación monetaria, muchas entidades no llegaron a cubrir su posición técnica en encajes.
“La baja en las tasas de caución –del 20,6% al 12% en un día– refleja el desarme del stock de LEFI y la necesidad de ubicar liquidez en un contexto de menores opciones”, señaló. Por eso, considera que esta medida “puede ser útil para compensar parcialmente la imposibilidad de renovar LEFI al 29%”.
Riesgos latentes
De todas formas, Menescaldi advirtió que “el problema puede verse con más claridad en la segunda parte de julio”, cuando los bancos ya no tengan el colchón de encajes excedentes trasladados. En ese escenario, la presión sobre las tasas monetarias y las estrategias del BCRA para contener la liquidez podrían volver a tensarse.
La salida ordenada del esquema de LeFi, pensada como parte de la Fase 3 del programa económico, deja expuesto un frente de vulnerabilidad estructural: con la tasa de política monetaria planchada y sin herramientas efectivas de absorción monetaria, el desafío será reordenar los incentivos de corto plazo para los bancos sin disparar desequilibrios.
¿Hasta dónde puede sostenerse este esquema?
La baja de reservas y el giro en la regulación bancaria son dos caras de una misma moneda: el reacomodamiento de la política monetaria post-LEFI, en un contexto de fragilidad estructural.
La ventana de gracia que otorgó el FMI tras el último desembolso no puede disimular que la posición externa del BCRA sigue siendo extremadamente precaria, con reservas netas en terreno negativo y un mercado atento a cada movimiento del dólar.
Los próximos días serán clave para evaluar si la estrategia oficial logra estabilizar el frente monetario o si, por el contrario, la falta de herramientas para absorber pesos profundiza la presión sobre el tipo de cambio y la brecha.
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