En total, los pagos asociados a esta familia de títulos habrían demandado más de US$ 2.570 millones, que salieron directamente de las reservas del BCRA, ya que deben realizarse en moneda dura y desde cuentas en el exterior. En total, los pagos asociados a esta familia de títulos habrían demandado más de US$ 2.570 millones, que salieron directamente de las reservas del BCRA, ya que deben realizarse en moneda dura y desde cuentas en el exterior.
A esto hay que sumarle aproximadamente US$ 1.600 millones correspondientes a los cupones de los Bonares, cuyo impacto sobre las reservas aún no se reflejó completamente. Se trata de bonos emitidos bajo legislación argentina, pero también denominados en dólares, lo que genera una presión adicional sobre el stock disponible del Central.
Sin intervención en el mercado
En paralelo, el BCRA no intervino en el mercado cambiario oficial, de acuerdo al reporte del martes. El tipo de cambio vendedor promedio se ubicó en $1.276,79 por dólar, manteniéndose relativamente estable pese a la salida de divisas.
No obstante, en el mercado financiero y de futuros ya se percibe una mayor cautela: la presión alcista comienza a asomar, ante la lectura de que el pago de deuda debilita el colchón de defensa cambiaria.
El Tesoro, por su parte, continúa sin ofrecer instrumentos en dólares en sus licitaciones, apostando a descomprimir tensiones con pesos. El Tesoro, por su parte, continúa sin ofrecer instrumentos en dólares en sus licitaciones, apostando a descomprimir tensiones con pesos.
Sin embargo, el perfil de vencimientos hacia adelante preocupa: julio de 2025 es apenas el inicio de una larga serie de compromisos que el Estado nacional deberá afrontar en los próximos años.
El perfil de vencimientos, una bomba de tiempo
Un gráfico elaborado por García Martínez revela que entre julio de 2025 y julio de 2035, la Argentina deberá afrontar vencimientos anuales de entre US$ 4.000 y US$ 6.000 millones, solo por deuda en moneda extranjera.
Buena parte de esos pagos corresponde a Globales, cuya reestructuración en 2020 permitió ganar tiempo, pero no resolvió la cuestión de fondo. Buena parte de esos pagos corresponde a Globales, cuya reestructuración en 2020 permitió ganar tiempo, pero no resolvió la cuestión de fondo.
La concentración de pagos en julio y enero de cada año implica que el país deberá hacer frente a picos de demanda de dólares dos veces por año, en momentos que además suelen coincidir con mayor tensión estacional por factores fiscales y de balanza de pagos.
Una señal al mercado y al FMI
La caída de reservas ocurre en un contexto delicado. Con el FMI como observador de fondo y una negociación en curso por eventuales desembolsos futuros, la señal no pasa desapercibida. Si bien cumplir con los pagos es visto como un gesto de responsabilidad, también pone en evidencia la fragilidad del frente externo argentino.
El hecho de que el BCRA haya absorbido el pago de los Globales íntegramente desde sus tenencias, sin asistencia externa ni intervención adicional del Tesoro, demuestra por un lado la voluntad oficial de evitar atrasos, pero también deja al descubierto la escasez de dólares líquidos y las limitaciones estructurales del actual régimen cambiario.
¿Y ahora qué?
Con las reservas brutas nuevamente debajo del umbral simbólico de los US$ 40.000 millones, la atención se redobla sobre las próximas semanas. La mirada del mercado está puesta en:
- El comportamiento del dólar financiero y los contratos a futuro
- Las licitaciones del Tesoro y la capacidad de renovar vencimientos en pesos
- La evolución del superávit comercial y la posibilidad de recomponer divisas
- Las señales que pueda enviar el FMI respecto al cumplimiento del programa
Lo concreto es que la Argentina volvió a pagar, pero lo hizo a costa de debilitar sus reservas en un momento donde cada dólar cuenta. Y con más vencimientos en el horizonte, la tensión no cede.
El ajuste fiscal, la política cambiaria y la renegociación de la deuda seguirán siendo, inevitablemente, el corazón del debate económico en los próximos meses. El ajuste fiscal, la política cambiaria y la renegociación de la deuda seguirán siendo, inevitablemente, el corazón del debate económico en los próximos meses.
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