Remarcó que solo una entidad de capital francés pudo esquivar los números en rojo. El resto mostró pérdidas derivadas de un escenario que ya se anticipaba, aunque con matices que empeoraron la lectura.
Gramajo apuntó a un factor clave: los bancos endurecieron su scoring y el crédito a personas y empresas se volvió más restrictivo. Esto convivió con un fenómeno histórico: la morosidad escaló hasta niveles que no se veían desde hace veinte años. Ese salto se convirtió en uno de los vectores centrales detrás de los malos resultados.
Sobre el futuro, Gramajo planteó que, en un escenario optimista, la caída podría resultar transitoria y abrir oportunidades. Mencionó que el sector fue uno de los más castigados del año, lo que deja valuaciones deprimidas.
Si la economía argentina logra crecer entre 4% y 5% en 2026, traccionada por el crédito, los bancos deberían ocupar un rol fundamental y recuperar terreno perdido. Si la economía argentina logra crecer entre 4% y 5% en 2026, traccionada por el crédito, los bancos deberían ocupar un rol fundamental y recuperar terreno perdido.
La dinámica perversa de las licitaciones
En pleno clima electoral, el Tesoro entró en una mecánica que derivó en un círculo vicioso. Para absorber pesos y frenar la demanda de dólares, empezó a convalidar tasas cada vez más altas en cada licitación. La estrategia secó la plaza por diseño y generó un daño colateral directo en los bancos.
Cada colocación dejaba un piso nuevo. Entrar a la licitación implicaba quedar detrás de la siguiente tasa, siempre más alta. Los bancos que ingresaban terminaban con retornos peores que quienes esperaban. Resultado: instrumentos que perdían valor, fondeo más caro y un margen imposible de recomponer.
La presión se potenció con las operaciones del BCRA vía REPOs, que también empujaron la curva hacia arriba. El sistema quedó atrapado entre la necesidad de cubrir fondeo, la caída del crédito y el riesgo de cargar instrumentos que perdían valor casi automáticamente.
Qué mira el mercado
Los analistas destacan como Galicia, BBVA y Supervielle aumentaron apalancamiento y siguieron expandiendo crédito incluso en esta etapa adversa. Es una señal de que el sistema está preparando el terreno para una normalización cuando la macro empiece a estabilizarse.
La economista Erika Mildre, de Delphos, planteó que la banca atraviesa una fase de transición donde encajes, fondeo y morosidad seguirán condicionando la rentabilidad. Pero también identificó señales incipientes de alivio para cuando la actividad recupere algo de tracción.
Argentina sigue siendo uno de los países con menor profundidad financiera en la región. El rebote, cuando llegue, puede ser intenso, aunque claramente selectivo.
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