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"No hay precios" y virtual lanzamiento de CFK

La incertidumbre dispara los precios del dólar y amenaza con el desabastecimiento. Batakis, último recurso. Acto con olor a candidatura en El Calafate.

“Por lo menos me bajan la mercadería”. El alivio, precario, se lo transmitía a uno de sus habituales clientes un pizzero de un barrio obrero del conurbano bonaerense. Celebraba que había podido abrir su local luego de días de zozobra porque el proveedor de muzzarela le advirtió sobre las dificultades para cumplir con los pedidos. “No hay precio”, le explicaban. Es un argumento que se puede escuchar en todos los rubros. La explosión del dólar blue de los últimos días sumó nerviosismo. Los proveedores prefieren retener stock antes de liquidarlo a valores que luego impidan su reposición. El resultado es el desabastecimiento. Puede ocurrirle a un gran supermercado que remarca sus precios o a este pizzero que tiene un tope para subirlos. No es porque se haya integrado a algún programa de acuerdo de precios del Gobierno, sino porque el ingreso diluido de sus clientes no se lo permite: subir los valores significa para este comerciante reducir sus ventas en un momento en el que no sobra nada. A la vera del riachuelo que separa al conurbano del sur de la Capital Federal, la pequeña pizzería es vigilada por un mural de Néstor Kirchner pintado en el paredón de un local de La Cámpora. Sus militantes, más temprano, repartieron volantes invitando a los vecinos a una feria que ofrecerá productos a precios populares. El mercado itinerante estará allí un único día. Será insuficiente para atender la demanda de una población que sufre la inclemencia de la inflación, que promete recrudecer, mientras observa azorada las discusiones inconducentes en la cima del poder, que en los últimos días apenas sirvieron para que las partes involucradas retomaran el diálogo.

Catalizador

La renuncia de Martín Guzmán fue el catalizador que andaban necesitando Alberto Fernández y Cristina Kirchner para forzar un acercamiento que el Presidente no quería y que concedió merced a una fuerte presión a su alrededor. Hubo un contacto telefónico y luego una cena. El miércoles por la noche se sumó Sergio Massa a una reunión tripartita negada oficialmente. Es un primer paso. Aún no hay resultados concretos. Basta ver los últimos discursos. Desde El Calafate, en el sur, la Vicepresidente hizo algo que dijo que no hace: una apología del déficit fiscal y la emisión. Fue cuando destacó el plan Previaje, un programa que estimula el turismo de cabotaje a través de un reintegro del 50%, y que -dijo- es celebrado por el sector. "En términos fiscales es de expansión y en términos monetarios es emisiva, porque yo gasto 100 y me dan 50 más", dijo. Un déficit bueno. Un día después Alberto Fernández, en cambio, reiteró desde Tucumán, en el norte, que el déficit es “nocivo” y que sólo se justifica en situaciones de emergencia, como la pandemia. En diálogo con C5N, el Presidente abogó por “ordenar las cuentas públicas poco a poco”.

Más allá de esta diferencia, se inició una nueva etapa entre los principales accionistas del Frente de Todos. Sus recientes apariciones muestran un cambio de clima. El Presidente destacó sus coincidencias con el discurso de la Vice en El Calafate. Ella, por su parte, no dirigió ningún dardo específico contra el primer mandatario y hasta prometió no “revolear” a ningún ministro. No es poco. También habría una coincidencia en deplorar a Guzmán por cómo se fue. Massa lo calificó como “un arrebato que daña al colectivo”. Cristina Kirchner fue más lapidaria al asegurar que en el acto del exministro tuvo cáriz "desestabilizador". El Presidente se negó a dar una definición explícita, aunque dijo que por cuestiones de responsabilidad institucional, ese paso al costado debió haberse producido de otra forma.

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Cristina Kirchner, este viernes en El Calafate, junto a la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner.

Hablemos de Batakis

“Hablemos de Silvina Batakis”, pidió el Presidente ante los micrófonos de C5N para dar vuelta la página. Batakis, que juró el lunes como ministra de Economía, fue seleccionada el domingo de la misma forma en la que Daniel Scioli, su antiguo jefe en la provincia de Buenos Aires, llegó al ministerio de Desarrollo Productivo tras la salida de Matías Kulfas: nadie más quiso ocupar ese cargo. Cuentan las crónicas que el nombre de Batakis le llegó al Presidente a instancias del jefe del Banco Central, Miguel Ángel Pesce, y de Mercedes Marcó del Pont, “la señora AFIP”. Se trata de 2 funcionarios albertistas que no gozan del especial cariño de la Vice. Sobre todo Pesce, a quien el kirchnerismo tiene en la mira. Las primeras declaraciones de Batakis sobre su inclinación al orden fiscal, es decir nada de déficit, y su rechazo a la implementación de un salario básico universal también desentonan con el evangelio cristinista. La flamante ministra se comprometió además a cumplir con el acuerdo con el FMI. Esto fue reflejado desde el mismo organismo que aseguró que Batakis “se comprometió” con las metas establecidas en el programa. Resta saber si se prestará también para las “acciones dolorosas” de las que habló Kristalina Georgieva, la jefa del Fondo. Con ese background cuesta imaginar que Batakis haya sido impuesta por la Vicepresidente, como comentaban algunos, y no sólo haya tolerado su designación. Batakis no sería, entonces, la ministra del consenso, sino que apenas no habría sido vetada por CFK. Mucho menos habría prestado conformidad Sergio Massa, que durante horas de ese interminable domingo se especuló con su fuerte desembarco como jefe de Gabinete que reordenaría el Gobierno de arriba a abajo. Es lo que reclama el Presidente de la Cámara de Diputados que tuvo aquel día en Olivos otra vez el rechazo presidencial. Ese desencuentro motorizó intensos rumores sobre su alejamiento que el mismo Massa se encargó de desmentir a través de interlocutores y de una foto que lo mostraba trabajando con Batakis sobre el futuro cercano.

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Alberto Fernández junto a Silvina Batakis tras su designación como ministra de Economía.

"Precios de pánico"

La flamante ministra fue recibida con una corrida cambiaria que llevó el dólar que compran las empresas a $300 y al blue por encima de los $270 (aunque abrió la semana en $280), y un desplome de los bonos en dólares que disparó al Riesgo País por arriba de los 2.600 puntos. No era un secreto que la mera designación de Batakis no iba a generar confianza en los mercados. Pero en el Gobierno señalan, otra vez, maniobras especulativas que tienen como único fin “detener el crecimiento de la Argentina”. Sin embargo, el verdadero drama está en los precios internacionales de energía. Las importaciones de combustibles son las que ponen en jaque a las reservas del Banco Central, que esta semana perdieron US$550 millones, también exigidas por la reapertura del cupo mensual para adquirir dólares para atesoramiento. La respuesta fue ajustar más el cepo para operaciones vinculadas al turismo y la posibilidad de un desdoblamiento cambiario que tome como referencia el dólar MEP, una modalidad bursátil que cotiza un 30% por encima del destinado a los viajeros. Pero el Banco Central se negaría a esto último al mismo tiempo que los analistas advierten sobre el riesgo de convalidar “precios de pánico” para el tipo de cambio.

Sergio Massa

Sergio Massa. El presidente de la Cámara de Diputados fue uno de los protagonistas de una semana agitada.

¿Lanzamiento?

Ese es el marco en el que el Frente de Todos debate su destino. En su discurso por la conmemoración del Día de la Independencia en Tucumán, Alberto Fernández advirtió que “sin unidad no hay futuro político”. ¿Pensará el Presidente en que es viable aún su reelección? Sergio Massa, por su parte, habría apostado a tomar las riendas del Gobierno como un jefe de Gabinete casi con atribuciones de primer ministro para darle impulso a su propio sueño presidencial que, ante los resultados, sufre un traspié. Cristina Kirchner, en tanto, hizo en El Calafate un movimiento interesante. Durante su aparición santacruceña la Vice pidió “dejar de discutir personas y empezar a discutir políticas”. Acto seguido empezó a hablar de Martín Guzmán. Pero algunos observadores pusieron la lupa sobre lo que había dicho antes. La Vice destacó la labor de la anfitriona, la gobernadora y su Alicia Kirchner, cuando fue ministra de Desarrollo Social durante los 3 gobiernos kirchneristas anteriores. Fue, al final de cuentas, otra reivindicación de ese período que ella desconecta del actual. CFK tomó aquella época como ejemplo de que “se pueden hacer políticas mejores”. ¿Mejores que cuándo? Mejores que ahora. Y remató: “No porque soñemos con utopías, sino porque las hemos hecho”. A partir de esas expresiones cabe preguntarse si no hubo con ellas un tácito lanzamiento del proyecto presidencial de la Vice, que pide -se interpreta- evaluarla no por sus apariciones públicas, sus comentarios, o sus críticas sino por las políticas de sus gobiernos (incluido el de su fallecido esposo), que ella juzga virtuosas. No por nada, en apariencia, esa parte del discurso fue editada con imágenes en cámara lenta de ella caminando en la nieve. Un video que hizo circular la militancia y que tiene todos los condimentos de un spot de campaña.

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