Hasta ahora, fueron todos parches para evitar dolores de cabeza mayores, pero el propio Massa destapó la olla: pidió revisar el acuerdo para adelantar desembolsos y reembolsos, además de un plus del primer trimestre 2024 para despejar cualquier tipo de incertidumbre en el segundo semestre electoral, tal como había hecho con la deuda en pesos. Estamos hablando de un total de US$10.600 millones.
Entonces, el FMI exigió achicar aún más el déficit fiscal primario, al 1,5%. Ello implica o devaluar o eliminar subsidios actualizando tarifas. El temido tarifazo para el kirchnerismo, que tiene todo un mito armado alrededor del boleto de colectivo y las tarifas de energía:
¡Gente, en el tercer cordón electoral, que es donde se refugia lo que queda del kirchnerismo, usan garrafas y están enganchados de la luz! Que alguien le avisé a la vice dolarizada, que hace años no pisa La Matanza y Lomas de Zamora y se mueve en avión. Vamos…
Dejar correr el dólar blue por encima de $500 fue un gesto importante para el FMI. Massa se resistía hasta ahora entregar al yaguareté, pero no tuvo más remedio. Quedan dudas sobre si podrá resistir con el congelamiento de tarifas hasta noviembre.
También es cierto que los equipos técnicos vienen haciendo los deberes porque en los primeros cinco meses de 2023 los subsidios reales cayeron 14,9% interanual, pero el FMI intuye que Massa quiere más fondos para esquivar el equilibrio fiscal y tener un resto para intervenir en el mercado cambiario.
Lo más probable es que todo termine en un miti-miti: devaluación y una nueva actualización de tarifas. No queda mucho margen y en Economía lo saben.
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Otra vez la pregunta: ¿Y cuándo se va Sergei Shoigu, Putin?