Se estrenará mañana jueves (02/02) en todos los cines, en el marco de la escalada en el conflicto con Inglaterra por la soberanía de las islas Malvinas.
Margaret Hilda Roberts, viuda de Sir Denis Thatcher, nació en Grantham, Reino Unido, el 13 de octubre de 1925, y fue 1ra. ministra del Reino Unido, por el Partido Conservador, desde 1979 a 1990. Durante su administración, sus estrictas políticas conservadoras, la abolición del poder de los sindicatos y su dura retórica en oposición a la ex Unión Soviética le valió el apodo de "La Dama de Hierro". Es el nombre del largometraje.
La película fue dirigida por por Phillyda Lloyd y protagonizada por Meryl Streep, quien recibió una nominación al Oscar por este trabajo, la película repasa la historia de la polémica 'dama de hierro' desde sus inicios en la política hasta e presente, a los 87 años, y afectada por la enfermedad de Alzheimer.
Quizás en otro momento la llegada a las salas cinematográficas nacionales de este film no hubiera pasado más allá de las típicas controversias televisivas. Sin embargo, este filme podría traer disturbios en los cines que se presente.
Las críticas la catalogaron como 'básica e incompleta' biografía, de un personaje histórico levanta polémica.
En Gran Bretaña, mientras la izquierda la ve como un instrumento de propaganda de los años de Thatcher; los conservadores, con el primer ministro David Cameron a la cabeza, se espantaron al ver a su héroe político, a su mito del siglo XX, disminuido por la enfermedad.
Es decir, mientras la izquierda ve la película como un instrumento de propaganda, los conservadores se quejan al ver en la gran pantalla los años de demencia senil de Tatcher
"Meryl Streep tiene una actuación fantástica. Pero no puedo dejar de preguntarme por qué se ha tenido que hacer ahora. Es más una película sobre el envejecimiento y elementos de la demencia que sobre una extraordinaria primera ministra", declaró Cameron.
Por su parte, la joven diputada Louise Mensch, en el pasado admiradora de Thatcher, opinó "Meryl Streep seguramente ganará un Oscar por su fantástico retrato", pero "se entra demasiado en la demencia de Thatcher y demasiado poco en sus logros". Para Michael Heseltine, rival de la Dama de Hierro y en cierta medida el hombre que provocó su caída, "la señora Thatcher fue una formidable primera ministra y hacer una película sobre su última etapa me parece de un mal gusto extraordinario". Y el historiador y cineasta David Torrance escribió en CNN que la cinta "debido a su simplismo y a la presentación aséptica de la obra de su gobierno (...) se va a convertir en una útil propaganda para el Partido Conservador", sobre todo entre una población joven que no ha conocido a Thatcher directamente.
"Lo más atractivo de la película -diría que lo único que justifica pagar la entrada- es ver a Meryl Streep capaz de intrepretar cualquier persojane. De interpretar cualquier acentro y hacerlo siempre verosimil. Sn este caso
es Margaret Thatcher en la época que ejerció de 'dama de hierro' y en la actualidad una mujer consumida por las alucinaciones, que ve aparecer a su marido y recuerda su historia.
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Esa historia, reconociendo la importancia enorme como política, es un política que no me resulta simpatica; Ese maniqueismo de tierras... no tengo recuerdos gratos de ella y me resulta un poco antipatico. Y lo que me cuenta la directora me da un poco igual: la vida familiar y el poderío en un mundo de hombres. Una mujer definida que lucha contra todo y se impone en un mundo de machos.
A mi la película me da un poco igual, me quedo afuera todo el rato. Pero ver a Meryl Streep es un placer. Los gestos, la actitud, el movimientos, los andares. Probablemete le den su tercer Oscar a Meryl Streep que se merece todos los Oscar".
El tema Malvinas
A lo largod el filme, son 15 minutos que el guión dedica a la Guerra de Malvinas. Una frase que resume su espíritu: "Con todo respeto, señor, yo ya he dado batalla. Cada día de mi vida", expresa, seria y contundente Meryl Streep en la piel de la líder conservadora que gobernó ese país de 1979 a 1990, en uno de las líneas más memorables del film.
Ese "señor" al que la líder interpela es el Secretario de Estado estadounidense de entonces, Al Haig, quien viajó a Inglaterra exclusivamente para convencer a Thatcher de que diera la orden para que los barcos que ya enfilaban hacia Malvinas volvieron a su puerto, y que el conflicto se resolviera por la vía diplomática.
En una escena cargada de tensión, el film de Phyllida Lloyd reproduce ese encuentro, que muestra una de las facetas más duras de la ex premier. "Usted quiere ir a la guerra en esas islas que están a miles de kilómetros de distancia, que tiene un puñado de ciudadanos, y que es política y económicamente insignificante, si me permite decirlo", expresa el funcionario estadounidense. La funcionaria, terminante, le contesta con el ejemplo del ataque japonés a Pearl Harbour en 1941 y la consiguiente respuesta bélica de USA (que terminó con dos bombas nucleares). "No buscaron soluciones diplomáticas ni le dieron la espalda a esos ciudadanos [de Pearl Harbour] porque era una isla lejana a Estados Unidos", dice Thatcher en esa escena, con el característico sarcasmo británico.
Cuando Haig intenta darle un consejo desde su experiencia, Thatcher lo interrumpe inmediatamente: "Con todo respeto, señor, yo ya he dado batalla. Cada día de mi vida. Y muchos hombres me han subestimado. Ellos quieren hacer lo mismo, pero se van a arrepentir".
Sin embargo, el funcionario de USA no era el primero en cuestionar la idea de ir a la guerra con la Argentina. Antes de la escena en que Thatcher anuncia el envío de tropas a Malvinas, el film muestra los momentos en que sus asesores buscaban disuadirla, argumentando que Inglaterra no estaba en condiciones de solventar los costos de una guerra. "No creo que debamos preocuparnos por el dinero a esta altura", contesta la premier, sin dejar lugar a réplicas.
La palabra de la actriz
A principios de enero, el diario
ABC de España le realizó una entrevista a la actriz estadounidense Meryl Streep, en oportunidad del estreno. Según el periodista Norja Bergareche
, la actriz recrea casi 40 años en la vida de una de las mujeres más fascinantes del siglo XX, elegida diputada a los 34 años, y primera mujer en convertirse en primer ministro del Reino Unido a los 54. La biografía, dirigida por Phyllida Lloyd –responsable de la versión cinematográfica del musical «Mamma Mia!»-, adopta el punto de vista de la anciana Dama de Hierro de la actualidad, una octogenaria desposeída ya de las facultades de mando que caracterizaron su pasado política.
Una decisión que decepcionará a quienes busquen el thriller político definitivo de la revolución conservadora de los años 80, pero que permite a Streep cincelar una colosal interpretación, que repasamos con ella en una entrevista en el Soho Hotel de Londres, junto con un grupo de periodistas extranjeros.
–¿Ha cambiado la película su visión sobre este personaje histórico?
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–Hice muchos más juicios sobre Margaret Thatcher cuando tenía 28 años que ahora, a la hora de aproximarme a su personaje. Cuando te acercas a un personaje, solo intentas acercarte a la verdad de ese personaje, y da igual si te gusta o no te gusta. En aquella época fui desdeñosa con ella porque es lo que haces con los personajes públicos: o te gustan, o no te gustan. Y nunca profundicé en mi opinión sobre ella. Lo que es subversivo sobre esta película es que trata a Margaret Thatcher como un ser humano.
–Es el retrato de una mujer, y de una madre, como usted...
–Puse mucho de mi en este personaje porque ya soy vieja, y entiendo mejor las cosas. Sé lo que supone un matrimonio de larga duración, lo que implica, cómo te aferras a él como a una roca en medio de una tormenta. He introducido muchas cosas de las que ahora sé, como mi propia sensación de capacidad disminuida, que vas notando de forma gradual en cosas pequeñas, como subir las escaleras y no acordarte por qué subías. Todos sabemos que vamos hacia eso, pero ha sido muy interesante experimentarlo en la piel de una Margaret Thatcher mayor.
–¿Cuánto hay de imitación de la Dama de Hierro y cuánto de inventarse a Margaret Thatcher?
–Hay mucho material sobre ella de joven, y era muy importante reflejar bien las manifestaciones de aquella personalidad, porque tienen mucho que ver con la percepción que se tiene de ella, su grandiosidad, su presencia, la majestuosidad que imprimía a sus opiniones...
La actriz reproduce en este punto el habla de su personaje, la cadencia llena de «auctoritas» que caracterizaba a la voz de aquella mujer implacable y determinada. Una firmeza elegante nada lejana a la de propia actriz, como nos destaca la directora de la película. «Margaret fue una “outsider”, por ser mujer y por sus orígenes populares, a la vez que Meryl lo es por ser una extranjera en el papel de la Dama de Hierro», nos explica. Pausada, cerrando los ojos, la probable candidata a un Oscar por decimoséptima vez en su vida se mete en segundos en la piel de su personaje, fruto de los meses que pasó aprendiendo a hablar como ella, a comer como ella...
–¿Y cómo abordó la parte inventada de su personaje?
–Decíamos que esa aparente falta de sentimiento, que ya mostraba cuando era una joven política, está en las grabaciones de la época. Pero su otro yo, su alter ego en la ancianidad, es algo totalmente imaginado por la película. Yo no pude hablar con ella, ni lo quería, porque el núcleo de la película está en la percepción totalmente subjetiva de una anciana a la hora de mirar para atrás y repasar su vida. Por eso, me sentí libre para inventar esta versión de una Margaret Thatcher anciana. Y, en ese sentido, en cierta manera era yo misma.
–¿Fue difícil suprimir la parte cálida que usted tiene como actriz para interpretar a «La Dama de Hierro», según el acertado apodo con que la Unión Soviética bautizó a Thatcher?
–Al adentrarme en ella, no prejuzgué nada sobre su personalidad. Soy consciente de que existe un marco muy rígido para definirla entre quienes han escrito sobre ella, y que su presunta falta de sentido del humor sale una y otra vez. Pero su marido, Denis, era conocido por su fuerte sentido del humor, por lo que necesitaba imaginarme que había algo en ese hombre, con el que compartió toda una vida, que le atraía, y que necesitaba. Hablé con mucha gente de su entorno, y sí parece que este tipo de manifestaciones humanas no iban con ella. Lo suyo era hacer cosas, cambiar las cosas. Pero muchos otros me contaron numerosas anécdotas de ella riéndose.
–Era la presión del cargo...
–Claro, le ocurría lo mismo con las lágrimas. Churchill podía llorar, y se consideraría un signo de humanidad. Pero ella no podía permitírselo. ¡Nunca! Era la primera mujer en ser primer ministro, y sabía que sería percibido como una señal de debilidad, y que su capacidad para dirigir el país sería cuestionada. ¿Cómo es la frase? Una mujer riéndose es una mujer conquistada...
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–¿Cómo era entonces Margaret Thatcher?
–Hay tantos misterios en cada persona. En su caso, su peculiar papel en la Historia y todo el trabajo preparatorio que hizo para convertirse en líder pesaron mucho. Ella manufacturó su voz, su acento, su tono, y es imposible reproducirlo. Era un reto enorme volver hacia atrás en su vida e intentar descubrir cuándo todo aquello fue cobrando forma, cuándo emergió esa presencia impenetrable, cuándo se puso esa máscara y qué es lo que había debajo de la máscara. Lo que en realidad me cautivó de esta película es que es sobre una mujer mayor, y encima que está realizada desde el punto de vista de una anciana. A qué película hoy día le interesa eso...
–¿Ha sido su mejor papel?
–Ha sido la mejor oportunidad que he tenido para interpretar una vida entera, y de hacerlo a partir de la etapa del declive. Pero mi siguiente película será algo muy diferente, es una comedia sexual con Tommy Lee Jones.