Ministro presidenciable
Scioli asumirá esta semana, tal como estaba previsto. Hasta ahora se mantiene como embajador en Brasil, donde ordena la transición. Justo en sus últimos días en Brasilia se produjo el primer mano a mano entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro. Ocurrió en la Cumbre de las Américas, luego de que el presidente argentino le recriminara a Joe Biden por la no invitación de 3 dictaduras: Cuba, Venezuela y Nicaragua. Fernández ni insinuó siquiera una crítica sobre las violaciones a los derechos humanos y políticos que se denuncian en esos países -algunas certificadas por la ONU- y se limitó a reprochar que no tuvieran representación en el foro californiano. Esto lo celebró Nicolás Maduro, lo cual, al mismo tiempo, habría sido festejado en la oposición. No hay nada que reconforte más a Juntos por el Cambio (especialmente a los 'halcones') que quede tan explícita la asociación entre el Gobierno y el chavismo.
La nueva composición del gabinete albertista trae aparejada una novedad: sale un ministro, entra un precandidato presidencial. Ya desde su oficina en Brasilia Scioli habría comenzado a delinear un proyecto que le dé revancha de la derrota en 2015 ante Mauricio Macri. El exmotonauta se envalentona cada vez que se reproduce en redes algún fragmento de aquel debate con el entonces candidato de Cambiemos, casi siempre con la misma leyenda: "Todo lo que advirtió Scioli después se cumplió". El ministerio del que tomará posesión en días resulta una buena vidriera para reflotar el perfil productivista que Scioli esgrimió en la campaña de 2015, cuando prometía "la continuidad con cambios". Es decir, intentar una senda de crecimiento, pero con las correcciones que se necesitaban. Aunque al final del proselitismo de aquel año prometió que el insostenible sistema de subsidios iba a continuar, todo lo contrario a cuando se inclinó a favor de una corrección tarifaria cuando era vice de Néstor Kirchner. La prehistoria.
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Alberto Fernández saluda a su par de USA, Joe Biden, en el marco de la Cumbre de las Américas, en Los Ángeles.
NA
Recelos
El arribo de Scioli al gabinete despierta algunos sin sabores. Ya lo expresó el hijo de la Vicepresidente en su última visita a Quilmes (para asistir a la intendente Mayra Mendoza, complicada judicialmente), cuando se quejó de que Scioli, durante la campaña había anticipado la conformación de su eventual gabinete. Para Máximo Kirchner esto resultaba "insólito", cuando en realidad no lo es. También Kirchner (Néstor), había anticipado, como estrategia electoral, la continuidad de Roberto Lavagna al frente del ministerio de Economía cuando faltaban 2 meses para celebrarse el balotaje, que finalmente no ocurrió por la deserción de Carlos Menem. Otro que estaría mirando con recelo la vuelta a Buenos Aires de Scioli es Sergio Massa, que tendría cuentas no saldadas con el todavía embajador. Muestra de ello sería la negativa de prestarle a uno de los suyos para que integre a su elenco. En este caso, el titular del BICE, José Ignacio de Mendiguren.
Más allá de que Massa mantendría viejos enconos con Scioli, el presidente de la Cámara de Diputados también encuentra en él un competidor por la candidatura presidencial oficialista. Temería que una postulación del exgobernador pueda ser más aglutinante en el peronismo que una suya. Hay un elemento bastante curioso en todo este asunto: si Scioli ingresa al gabinete fue porque Massa rechazó hacerlo. Fue antes de acompañar a Alberto Fernández a Los Ángeles. Hasta allá el affaire Kulfas persiguió al Presidente. Cuando fue consultado, reconoció la labor del exministro que por esas horas declaraba en tribunales por las sospechas de corrupción que se deslizaron desde su cartera, pero afirmó que cometió un error que él no soporta. "Hablar en off the record en contra de otros", dijo. Y agregó: "Es más, reniego de los que hablan en off" . Algún corresponsal argentino tuvo que contener la risa.
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