Allí, el periodista hizo referencia al paso de Fernández por la Casa Rosada:
¿También la súbita reaparición pública de Aníbal Fernández habría que endosársela a Cristina? Difícil. ¿Entonces, a quién? Tampoco el actual Presidente tuvo nunca una relación fluída con el múltiple ex ministro kirchnerista. Pero no debe extrañar una reconciliación enredada en un paisaje con tantas mutaciones.
El encuentro fue una sorpresa. El escenario también. Ocurrió en el despacho presidencial. Aníbal negó la posibilidad de ocupar algún cargo. Habrá que ver si no cuela también en esta temporada de reivindicados. Pareciera que el ex ministro, en el llano, no estaría atento a la actualidad. Alberto pregona el fin de la grieta. Habló esta semana con dirigentes de Cambiemos para ayudar a Axel Kicillof a destrabar la Ley Impositiva en Buenos Aires. Aníbal, en cambio, se refirió a Macri como un “imbécil”. Así de literal y amable. Había despistado antes con María Eugenia Vidal.
El retorno de “tantos viejos mansos”, como ironizó un dirigente opositor, dejaría moldeada la realidad para cualquier sorpresa. Ese mismo veterano deslizó que sólo faltaría la vuelta de Julio De Vido. Cartón lleno. El ex ministro de Planificación condenado y con arresto domiciliario. Sonaría a exageración, pero hay funcionarios recién designados que mantienen causas con la Justicia. Se estrenaron con procesamientos encima.
Alberto está por cumplir recién un mes en su cargo. Un tiempo idéntico para la vicepresidenta. Demasiado corto para un juicio tajante. También, tal vez, para que se saquen impúdicamente los gustos políticos. Sin un buen porvenir asegurado se les podrían volver en su contra.