La notificación de Migraciones omitió información clave que ya obraba en los expedientes, malinterpretó el estatus migratorio del consultor y dejó al descubierto una deficiente actuación institucional. El resultado fue un nuevo traspié en la gestión libertaria, esta vez con visibilidad internacional.
No solo la medida fue revertida, sino que Gutiérrez-Rubí continuará trabajando con normalidad en el Gobierno porteño, alimentando la tensión ya existente entre el PRO y La Libertad Avanza.
El fallido intento de expulsión terminó generando más ruido dentro de la interna oficialista que en el propio entorno del asesor catalán.
Torpeza administrativa
El caso también pone en discusión el uso político de las herramientas del Estado. Resulta llamativo que, mientras el presidente insiste públicamente con la idea de “dinamitar el Estado desde adentro”, su gobierno recurra a ese mismo aparato institucional para intentar desplazar a un adversario del tablero político. Esta vez, la jugada le salió mal.
Antoni Gutiérrez-Rubí permanece en el país con todos los papeles en regla y sin intenciones de retirarse. En paralelo, refuerza su vínculo con la gestión de Jorge Macri, consolidando su espacio en la política local.
El intento de expulsarlo terminó siendo, más que una estrategia de poder, una demostración de torpeza administrativa y una nueva muestra de cómo las disputas personales pueden interferir en la gestión pública.
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