-No es lo mismo estar que conducir.
Sin duda que va a arrancar con la inercia del resultado electoral y de haber terminado cuatro años al frente de la presidencia de la Nación como conductor del espacio. Con el paso del tiempo lo que tendríamos que empezar a ver es la emergencia de otro tipo de liderazgos, no necesariamente de su propia fuerza, que muestre una diversidad que muchos reclamamos y nunca llegó.
-¿Es posible eso?
Es posible y debe ocurrir.
-Cristina recién resolvió esa interna en 2017 cuando se enfrentó a Sergio Massa y Florencio Randazzo. Ahí demostró que era accionista mayoritaria del peronismo. Si Macri se mirara en ese espejo no sé si estaría muy dispuesto a horizontalizar la conducción o abrir la discusión en el corto plazo.
Si se viera en el espejo de Cristina, la conclusión sería que debería horizontalizar porque es lo que hizo ella. Horizontalizar no significa que todos tienen la misma cuotaparte para seguir con la alegoría empresarial. Ser accionista mayoritario no es lo mismo que ser dueño. No significa esto que Macri no vaya a ser el accionista mayoritario, él va a seguir siendo el conductor del PRO y posiblemente de Cambiemos. Y va a seguir siéndolo en la medida que se amplíe el espacio, que se acepte la diversidad interna que durante años postergamos.
-¿Resiste Cambiemos como frente político con un dirigente que no sea Mauricio Macri conduciendo?
Sí, yo creo que sí, pero para mí no se trata de Mauricio Macri sí o Mauricio Macri no. Él va a estar, eso lo descuento, y con un rol absolutamente preponderante y de conducción, lo cual no quiere decir que vaya a ser idéntico a como fue hasta ahora; no debe ser idéntico. Es difícil que nosotros esperemos que los resultados vayan a ser distintos en el futuro si no producimos ningún cambio. Sólo hay una posibilidad de volver al poder sin cambiar nada: el fracaso del gobierno peronista y eso no lo tiene que querer nadie.
En una entrevista al naciente portal Cenital, Massot también criticó las idas y vueltas constantes de Macri y Peña a medida que llegaban las encuestas a la Casa Rosada, confundiendo gestión con campaña electoral:
Hubo un envalentonamiento de nuestra dirigencia que vio en la polarización, en la grieta, en volver a la definición de Cambiemos como la única solución al kirchnerismo, una oportunidad de ganar la elección. Y la verdad es que mucho dirán "bueno, ganaron la elección"; el problema es que después nos gustó demasiado y en algún momento nos transformamos de antikirchneristas, que era lo que la gente siempre nos pidió que fuéramos -pero no antikirchneristas eternos sino antikirchneristas del kirchnerismo de 2015- a antiperonistas en un abrir y cerrar de ojos que nadie sabe definir bien cuándo. Creo que luego de la victoria de 2017 hubo una oportunidad histórica de apoyarse en muchos sectores -gobernadores o dirigentes identificados con el peronismo o abiertamente peronistas- que entendían que en este sistema la mayoría es el combustible. El sistema democrático republicano fue diseñado para que los gobernantes busquen la moderación que viene con la búsquedas de las mayorías y en esto los sistemas parlamentaristas son un fiel reflejo. En Argentina parece que hace tiempo que no entendemos que eso funciona así y creemos que podemos reinventar el sistema republicano democrático extremando los gobierno de minorías.
-Dejame defender a los presidentes en general: Macri, Cristina o Néstor Kirchner. Hay, desde los principios de los 2000 para acá, una idea que es el mandato de la moderación para los titulares del Poder Ejecutivo. Pero ningún presidente se modera. Es decir: no es que los presidentes no se moderan porque tienen un problema de carácter sino que las condiciones regionales, globales e incluso locales los llevan a tener que tomar una posición. Entonces, tal vez, esa voluntad de moderación, esa demanda que tiene fundamentalmente el círculo rojo -porque la sociedad termina votando a opciones muy definidas- es una mirada un poco estética.
Es posible que la sociedad esté tan polarizada dérmicamente como la dirigencia política, ese es el problema de encuestología, que sigue permanentemente los vaivenes de la sociedad. El estadismo es otra cosa, es ponerte por delante de las encuestas, tratar de moldearlas con el riesgo de fracasar, pero lo otro es seguidismo.
-¿A ustedes les pasó?
Yo creo que nos pasó. Nos faltó un poco de estadismo. Creo que lo que se le reconoció a Emilio en la sesión fue estadismo.
-¿Por qué no hubo recepción de la Casa Rosada para escuchar los llamadas de atención que hicieron ustedes?
No tengo respuesta. A mí me hubiera encantado que hubiera existido.
-Pero lo habrás conversado alguna vez.
¿Con quién?
-Con algunos de los tomadores de decisiones de Cambiemos.
Lo hemos hablado, sí. Tal vez lo costoso fue que cuando más lo hablamos fue en la época donde menos evidente parecía: 2016, 2017 y en los meses posteriores al triunfo de medio término cuando hicimos un segundo intento fuerte por tratar de armar una coalición que fuera no solamente parlamentaria sino también política y electoral para que fuera duradera y consistente. Ese momento significa un punto de inflexión en nuestro gobierno, que fue cuando perdimos la agenda política el 23 de diciembre de 2017.
-¿Entonces no tenés una hipótesis de por qué no se dio ese pedido de ampliación de la coalición?
No ocurrió porque el Presidente entendió que no era el camino. No estoy en la cabeza del Presidente, no lo puedo saber.
Entre otros puntos importantes, prometió colaboración con el oficialismo entrante para la sanción de leyes:
-¿Por qué Sergio Massa dice que quiere incorporar a la coalición del Frente de Todos "a los Monzó y a los Massot"? ¿Qué posibilidades hay, además del deseo del presidente de esta Cámara a partir del 10 de diciembre, que ocurra algo así?
Con Emilio sabemos que asumimos un costo que es que la moderación que siempre tratamos de conservar, el diálogo permanente aún cuando parece que sus frutos parecen inalcanzables y hasta un estilo de hacer política que nos lleva a trascender el rol de cada uno y a querer calar en la amistad, en los vínculos, hace que en esta Argentina tan polarizada, tan bipolar, a uno lo confundan de moderado con traidor o de dialoguista con prebendario. Tenemos clarísimo que más allá de los errores cometidos por nuestro gobierno, no solamente en materia de gestión sino también en materia de política o diseño electoral, es muy importante lo que ha ocurrido en términos de equilibrio de poder. Valoramos muchísimo esa situación y creemos que nuestros rol más importante es desde la oposición ayudando a que sea moderna, constructiva, propositiva y que desde allí entendamos los errores que cometimos como oficialismo y no supimos ver para entonces poder volver a ser una alternativa real de poder.
-Los signos que se ven muestran que quienes conducen Cambiemos no se detuvieron tanto en los errores sino que se advierte cierta efusividad por los resultados de las generales en relación a las PASO. ¿Qué ocurre puertas para adentro?
El proceso que le tocó hacer al kirchnerismo en 2015 tampoco fue inmediato así que también le atribuyo a ello la naturaleza humana. Es razonable que los recorridos de autocrítica lleven tiempo. Todavía no termina el mandato del presidente Macri, es razonable que no vaya a venir de manera inmediata y tal vez tampoco sea tan público como uno esperaría, pero sin dudas debe ocurrir. Es muy digno y muy grato darse cuenta que hay en el comportamiento electoral algo que no todos teníamos tan claro que es una matriz de respeto institucional y del imperio de la ley que a veces trasciende las cuestiones económicas que sin duda no han sido fáciles. Uno no podría pensar que el 41% que votó a Cambiemos es un 41% del país que le fue mejor económicamente simplemente mirando estos cuatro años. Uno tiene que interpretar que es un electorado que a pesar de esas cuestiones valora otras y eso es digno independientemente que hayan votado a Cambiemos porque lo mismo valdría para otras expresiones políticas. Es decir, no todo es la economía, no todo es el bolsillo que es una reducción que solemos hacer bastante seguido y no es justa con el electorado. Por otro lado, a pesar de destacar eso, no hay que perder de vista que la elección se perdió y no es bueno disfrazar las derrotas de victorias porque impide la autocrítica. Entonces así como te digo que nosotros tenemos la misión y la vocación de permanecer en Cambiemos porque fuimos armadores, partícipes fundadores de esta idea que compartimos, me parece la forma más sincera de encararlos es no esconder las críticas.
-¿Cambiemos se va a mantener así como está o se van a generar nuevas discusiones sobre los liderazgos de cara a los próximos años?
Acá diferencio dos planos claramente. El del electorado que es el que en definitiva nos debemos directamente y el de la dirigencia política. Respecto al del electorado, tenemos la obligación y el deber de mantener el frente político pero no tal como está con las mismas caras, los mismos nombres, los mismos partidos que son al final de cuenta accidentes o formalidades: nos debemos a lo que la gente votó. Vemos ahí una serie de pilares que trascienden lo económico y será cuestión de interpretar el voto con el tiempo. Tenemos que mantener ese 41%, lo cual no significa que deba ser inmutable la composición política y los dirigentes de ese porcentaje. Ahí sí nos debemos la autocrítica, porque si no terminamos disfrazando una derrota de triunfo y perdemos una oportunidad histórica. Le llevó 12 años a la oposición construir Cambiemos; al peronismo menos de un año y medio o, en el peor de los casos, cuatro volver a cicatrizar las heridas de los últimos años. Entonces tenemos que dar un salto cualitativo y eso necesariamente implica que reconozcamos algunos liderazgos que pueden cambiar, que pueden mutar, que se puede complementar o que pueden emerger con más fuerza o inclusive abrirnos al interior del país, que es algo que nos costó durante estos cuatro años.
-¿En qué sentido?
De la toma de decisiones, de la contemplación de los liderazgos locales. El PRO y la Coalición Cívica, no tanto el radicalismo, tienen un sesgo capitalino-bonaerense en estos últimos cuatro años. Es razonable, pero no quiere decir que no sea una aspiración sana querer modificarlo. Estas son oportunidades buenas para que las voces de las provincias y de los liderazgos provinciales -que Cambiemos los tiene y son muchos- se hagan escuchar un poco más y calen un poco más hondo en la toma de decisiones.
-Permitime ser escéptico con que la oposición vaya a tomar ese perfil en virtud de las listas y la lectura de la elección que ha tenido el Presidente. ¿Ves votando a los diputados de Monzó alguna ley distinto a cómo vote el bloque de Cambiemos y más parecido al Frente de Todos?
Dejame combatir tu escepticismo, puede ser que haya excepciones pero en todo caso yo seré uno y me consta de muchos otros que en serio pensamos que cuanto mejor, mejor. En la Argentina se tiene que acabar esta idea o esta variable de entender como algo positivo que al otro le vaya mal. Respecto a las votaciones, sí, lo veo. Pero no debería representar una novedad porque si vos te ponés a ver el comportamiento parlamentario de Cambiemos en estos cuatro años de oficialismo fueron muchos los casos donde hubo votaciones dispares dentro del interbloque y eso expresa en gran parte la diversidad que tiene y que a veces se quiere esconder y tapar.