Desde la Casa Rosada insisten en que la baja de impuestos continuará en la medida en que lo permita la recaudación. Sin embargo, expertos advierten que el esquema vigente mantiene tributos considerados altamente distorsivos, como Ingresos Brutos, el impuesto a los débitos y créditos bancarios y las retenciones, que encarecen los costos, se trasladan a precios y restan competitividad a los productos nacionales.
Los impuestos siguen altos
César Litvin, CEO de Lisicki, Litvin & Abelovich, sostuvo (en una entrevista con La Nación) que el proceso debería contemplar dos etapas: una inicial, como la actual, sin comprometer el equilibrio fiscal, y una segunda, con una reforma profunda que apunte a los impuestos más dañinos para la actividad económica. En ese sentido, ubicó a Ingresos Brutos como el tributo más distorsivo del sistema, aunque reconoció que su reemplazo requeriría un amplio acuerdo federal debido a su peso en la recaudación provincial.
En la misma línea, el tributarista Diego Fraga señaló que el desafío no es solo técnico, sino político. Advirtió que una baja de impuestos a nivel nacional pierde impacto si provincias y municipios no acompañan el proceso, ya que la presión suele trasladarse a tasas locales y gravámenes sobre la facturación.
Por su parte, Sebastián Domínguez, CEO de SDC Asesores Tributarios, consideró que el escenario político actual limita la posibilidad de avanzar con una reforma tributaria de gran alcance. Con un Congreso fragmentado y la necesidad de consensos, estimó que cualquier modificación de fondo deberá ser necesariamente gradual, aunque remarcó que el objetivo oficial sigue siendo la simplificación impositiva y la promoción de la inversión.
Promesas por cumplir
En este contexto, la reforma tributaria integral quedó postergada para 2026, mientras el Ejecutivo avanza con cambios parciales incorporados en otros proyectos, como la reforma laboral que se debatirá en febrero. De aprobarse, se eliminarían varios impuestos de baja recaudación pero alto impacto administrativo.
Mientras tanto, desde el sector productivo insisten en que el alivio fiscal debe llegar con mayor rapidez para evitar un deterioro más profundo de la actividad y el empleo. La discusión por los impuestos, lejos de cerrarse, promete seguir ocupando un lugar central en el debate económico de los próximos meses.
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