La distancia se profundizó con el correr de los meses. Villarruel quedó al margen de decisiones centrales del Ejecutivo y, en más de una oportunidad, el Presidente dejó trascender su incomodidad con la autonomía política de la titular del Senado. Desde el entorno presidencial, incluso, se intentó minimizar su rol, mientras que desde el círculo de la vicepresidenta se defendió su perfil institucional.
El Senado como escenario de disputa
En ese contexto, el Senado se transformó en un terreno sensible para el oficialismo. A diferencia de Diputados, donde el Gobierno logró ordenar la conducción política, en la Cámara alta el Ejecutivo depende en mayor medida de acuerdos y de la gestión de Villarruel para avanzar con su agenda legislativa.
La sesión convocada para el próximo 11 de febrero, en la que se debatirá la reforma laboral, vuelve a poner a la vicepresidenta en un rol clave. Orozco lo reconoció al señalar que la conducción de la sesión estará en manos de Villarruel y expresó su expectativa de que “salga todo bien”, pese a las diferencias existentes.
Las críticas de la senadora salteña se suman a otros episodios que reflejan el clima interno del oficialismo y reavivan la pregunta sobre el grado de cohesión del binomio presidencial. Por ahora, ni Milei ni Villarruel respondieron públicamente a los dichos de Orozco, pero la frase “casa del enemigo” volvió a dejar en evidencia que la interna libertaria sigue latente y se expresa, cada vez más, en público.
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