El cortocircuito más recordado fue a mediados de año, cuando Villarruel encabezó una sesión que el Ejecutivo consideró “funcional al kirchnerismo”. Bullrich la cruzó en redes sociales y le pidió “no ser cómplice del sabotaje parlamentario”. La vicepresidenta le respondió con dureza: “Cumplo mi rol institucional, me gusten o no las leyes”.
Desde entonces, la comunicación entre ambas quedó prácticamente cortada. De hecho, Villarruel no felicitó públicamente al Presidente tras el triunfo electoral, un gesto que en el Gobierno se leyó como una señal de distanciamiento.
Un nuevo equilibrio de poder
Si Bullrich logra quedarse con la presidencia provisional —el segundo puesto en la línea de sucesión presidencial—, el Ejecutivo recuperaría influencia directa sobre el funcionamiento del Senado, un terreno hasta ahora incómodo para el oficialismo.
“La ministra tiene disciplina política, ascendencia y lealtad al proyecto de Milei. Eso la vuelve clave para los próximos dos años”, sintetizó un funcionario libertario.
Por ahora, el futuro inmediato de Bullrich en el Senado depende de una negociación política milimétrica. Pero dentro del Gobierno nadie duda de que su primera misión ya está en marcha: reordenar la Cámara Alta y correr del eje a una vicepresidenta cada vez más aislada.
__________________________
Más noticias en Urgente24:
El dólar ya no es violeta: "Cómodo" a $1500 pero la cuestión es la baja de las tasas
Envidia en los medios tradicionales: Streaming, política y polémica
Martín Menem 'blindado': Estrena 'poroteo' y mojada de oreja a Santiago Caputo