Esta falta de compañía hizo que el propio presidente sea quien tenga que cargar su ya golpeada imagen con otra “cruz” a los ojos de la gente. Y eso hizo que Fernández se enfurezca con algunos actores.
Entre los principales apuntados por el mandatario estaría Juan Schiaretti, quien no solo no acompañó las medidas, sino que también viene aplicando un discurso “autonómico” que le agrega condimentos a la relación que tiene con la Casa Rosada, a la cual el propio gobernador calificó como “institucionalmente correcta”. Desde el Panal, el análisis ahora está focalizado sobre la situación puntual de Córdoba.
La gestión de Hacemos por Córdoba parece haber aprendido de los errores del año pasado, cuando buena parte de la pandemia fue administrada con la mira puesta en las decisiones del Gobierno nacional. Dicha administración se dio a partir de los parámetros del AMBA, dejando a una Córdoba encerrada por un prolongado periodo de tiempo, cuando por día se reportaban un puñado de casos.
Ahora, la gestión cordobesa de la pandemia se basará en tres pilares según el gobernador: el número de reproducción de casos (R0), el número de duplicación de casos, y fundamentalmente, la cantidad de camas críticas ocupadas, que fueron incrementadas recientemente hasta las 3751 unidades. También se pautaron prioridades.
Para Schiaretti, Córdoba tiene como prioridad "garantizar la salud, asegurar la producción y reafirmar el regreso a la presencialidad de la educación". Naturalmente, esto colisiona de lleno con lo dispuesto recientemente por el presidente, quien decidió cerrar las escuelas y buena parte del aparato productivo.
Esa toma de parámetros propios que el Gobierno cordobés ha hecho, es lo que hace enfurecer a Fernández, que busca compartir la carga de tener que regresar a las medidas de hace un año. Mientras tanto, el ‘Gringo’ reivindica el “modelo cordobés”, que ahora parece haber sacado su versión sanitaria.
“Córdoba tiene una impronta: más que hablar, hace; ese es el modelo de gestión cordobés”, dijo el gobernador en un acto realizado horas antes de los anuncios de Fernández. La realidad indica que Córdoba atraviesa un incremento de casos, que las autoridades sanitarias calificaron como un “ingreso a la segunda ola”, pero no hay tanta tensión en el sistema sanitario como en el AMBA, a donde apuntaron directamente las medidas presidenciales.
Así, la relación entre Fernández y Schiaretti suma otro peldaño de distancia política, a la que ya se viene gestando hace varios meses. Para el gobernador de Córdoba, el acercamiento al kirchnerismo fue una fuente de críticas de su propio electorado durante el 2020, como lo ha sido siempre entre los votantes de Hacemos por Córdoba.
Ello queda demostrado con la reacción ante el sostenimiento de las aperturas apenas terminó el discurso presidencial desde Olivos. Muchos (propios y extraños) expresaron su apoyo en redes a la decisión del gobernador, que ha ido lentamente recuperando terreno electoral, en un año en el cual se va a recurrir a las urnas.
Schiaretti conoce a la perfección los ánimos del pueblo cordobés, y no reconoce en la cuarentena propuesta por Fernández una posibilidad, sino una medida extrema que podría costar mucho en materia de votos. “Si actuamos así -como somos los cordobeses- juntos, coordinando y trabajando con la convicción de que podemos salir adelante, estoy seguro que esta pandemia nos va a golpear lo menos posible”, sostiene el gobernador, que cada vez se para más lejos de Casa Rosada.