En Córdoba, Juan Schiaretti cuenta con un alto nivel de aceptación, por lo que cargar contra su figura no haría más que posicionar a quien lo hiciera en contra de una figura potente. Sin embargo, las perspectivas de competencia del kirchnerismo en Córdoba no son las mismas que las de Juntos por el Cambio.
Con un escenario victorioso más que lejano, las elecciones son, para el kirchnerismo, una circunstancia de negociación política. Además de que, el próximo año, el candidato del PJ será Martín Llaryora.
Así las cosas, el espacio comandado por Carlos Caserio lanzó el anuncio de lista propia y le prometió daños electorales al gobernador de manera implícita. Acompañado por dirigentes ultra kirchneristas como Gabriela Estevez, Pablo Carro, Eduardo Fernández y Fabian Francioni, Caserio destacó que el Frente de Todos tendrá, nuevamente, una oferta electoral propia en Córdoba.
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El kirchnerismo juega en Córdoba, a pesar de la tormenta.
La principal arma de esa lista será la relación entre Mauricio Macri y Juan Schiaretti. La inocultable amistad entre ambos, consideran en el kirchnerismo, es el punto débil de la imagen del ‘Gringo’.
“En 2019 acompañó la campaña para la reelección del candidato de la derecha (por Macri) y sigue en la misma senda. Como justicialistas debemos marcar que ese no es el camino. Perón y Evita nos enseñaron que nuestro proyecto es nacional y popular, al lado del pueblo y no de los poderes concentrados”, manifestaron los dirigentes del kirchnerismo en Córdoba. De esa forma se espera que se desarrolle un discurso de campaña que será más negativo contra el oficialismo provincial, que en beneficio propio.
La potencia de ese “speech” dependerá, principalmente, de los intendentes que se han ido alineando con el Frente de Todos en el interior. De hecho, el trabajo de Carlos Caserio en ese sentido es lo que mantiene al oficialismo nacional con vida en una Córdoba más que reacia a la propuesta K.
El comunicado surgido de la reunión fue firmado por 30 intendentes del interior cordobés, un número más que considerable a la hora de pensar en la estrategia provincial que se viene. Algo que ni Juan Schiaretti, ni mucho menos Martín Llaryora, deberían desestimar.
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