Milei, Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, almorzaron este martes en Olivos. "Habrá novedades", prometió el ministro. Tal vez haya algún anuncio que disimule la publicación del INDEC.
Por ahora, Milei sólo encontró una vía de escape en la baja del dólar. Pero esto también es un callejón para el Presidente: la inflación se disparó casi un 3% cuando el tipo de cambio bajó un 2%. Atrasar el dólar tampoco fue una solución.
Caputo ni siquiera festejó que se desaceleró la inflación núcleo, el último refugio cuando los números no son tan buenos.
Tras el piso de mayo en 1,5%, la inflación pegó la vuelta y muestra un efecto en "U", como lo describe Diego Giacomini, ese examigo de Milei.
En términos interanuales, se acumula el 3er mes consecutivo con tendencia al alza. En enero fue del 32,4%, casi un punto más que en diciembre.
Pero esa es una parte del problema. La otra es el limbo en el que entró la credibilidad del INDEC a partir de la decisión de suspender la aplicación de la nueva metodología, lo que precipitó la semana pasada la renuncia de Marco Lavagna como titular del instituto estadístico.
La sospecha es que como ese esquema le daba mayor ponderación a los servicios que a los bienes -contrario a lo que ocurre con la metodología actual- el IPC se ubicaría por encima del 3%, no tanto en enero, como a partir de febrero cuando comenzarán a tallar fuerte los aumentos de tarifas, y se le así daría una estocada al relato de la desinflación.
Volvió entonces el fantasma del manoseo a las estadísticas oficiales, que se agitaron más con la publicación de la inflación porteña, que con una metodología idéntica a la discontinuada fue del 3,1% en enero.
Caputo buscó aclarar y afirmó que, en realidad, el nuevo IPC iba a dar una décima por debajo de lo que realmente se publicó.
Un análisis de la consultora Equilibra, una de las más cuestionadas por la Casa Rosada, valida la posición del ministro de Economía y sostiene que el IPC bajo la metodología suspendida habría sido del 2,8% en enero.
No lo sabremos, porque el Gobierno rechazó la recomendación del FMI de publicar ambos indicadores en simultáneo.
Así, el principal problema en el que se metieron Milei y Caputo no es de números, sino de credibilidad. En las cifras del INDEC y en su propia palabra.
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