Tal como se aprecia, no aparecen arriba los históricos reclamos tales como la inseguridad. Tampoco la corrupción. Este relevamiento coincide con la mayoría de los que se hacen a diario. Días atrás, un intendente de la zona norte del Gran Buenos Aires recibió en su escritorio un trabajo de propia elaboración y el resultado no lo sorprendió: en su distrito, que no pude ser catalogado de ultra K, encabeza CFK seguida por Javier Milei. La asociación es inmediata: si la inflación es el principal problema a resolver, la percepción es que ambos son los más proclives a poder hacerlo. Con métodos absolutamente contrapuestos. Las alarmas ya se encendieron hace tiempo en los territorios.
Son muchos los intendentes que rezan para que no llegue la llamada desde Presidencia para encabezar un acto con Alberto Fernández.
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Javier Milei en San Miguel de Tucumán, una escena que temen los intendentes pejota en el GBA.
La última incursión de Fernández al conurbano fue esta semana en Malvinas Argentinas donde con Sergio Massa anunciaron el sostenimiento de los subsidios a los clubes de barrio para las tarifas de servicios públicos. No estuvo Axel Kicillof en un distrito donde el intendente es Leonardo Nardini -hoy de licencia- ocupa el cargo de ministro de Infraestructura provincial. El acto, además, se leyó como un gesto al senador Luis Vivona, sobre todo de parte de Massa.
El legislador de Malvinas Argentinas tiene un recorrido largo relacionado con el deporte social, cargo que ocupó en el gobierno de CFK, y que impulsa con iniciativas desde la Cámara Alta bonaerense.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof, considerado el más cercano asesor de CFK en materia económica, se hace todo lo invisible que puede sobre estas cuestiones. Lejos de sus pretensiones iniciales, donde era todo lo contrario, el mandatario bonaerense aplica la lógica de Daniel Scioli cuando gobernó. Tiene razones para hacerlo. Si los problemas mayores son económicos, ¿para qué aparecer junto a Fernández y Massa ahora?, se convencen en el círculo más cercano al ex ministro de Economía. Así lo demuestra su agenda de las últimas semanas. No hay acto junto a Fernández y muy pocos con miembros del gobierno nacional. Apenas con los intendentes de los distritos a donde concurre.
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Axel Kicillof y Leonardo Nardini: Alberto Fernández y la mancha venenosa.
Es cierto que el gobernador bonaerense tiene una ventaja con la que no contó Daniel Scioli para cimentar su candidatura.
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La canilla de fondos hacia la provincia de Buenos Aires nunca se detuvo, es más, se eleva constantemente.
- El frente gremial está ordenado, sobre todo el docente que es el más ruidoso. Hasta comparte actos políticos con Roberto Baradel, quién sería la pluma ideológica de la plataforma de gobierno en la materia.
- La inseguridad no es una sensación pero sí una manera de vivir. Es un lamentable costumbre.
- Es decir, si no lo rozara la situación económica, Axel Kicillof tendría serias chances de pasar por el medio de la coyuntura nacional y las distritales. Ciertas encuestas lo evidencian.
Ese mismo análisis lo hacen quienes preparan y planifican las campañas bonaerense de los candidatos de la oposición. Se preguntan si es posible imponer un nombre que sobresalga de la puja nacional. Todos saben que el escenario de 2015 ya no se repetirá. Aquel que llevó a María Eugenia Vidal a ganar la gobernación. La fragmentación que asoma en Juntos por el Cambio hace más compleja la labor para conquistar la colina bonaerense.
El contexto hace que los intendentes se refugien en sus distritos y prevalezca la gestión local. No están seguros que puedan eliminarse las PASO pero no les preocupa demasiado a sus aspiraciones. Es más, saben que si son oficialismo es difícil que le armen competencia interna. Y además le sirven como tester para corregir o profundizar de cara a la elección general. El enfoque sobre sus propios gobiernos para despegarse lo más posible de la realidad nacional es un tema que no los alcanza a todos por igual.
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CFK: Ni la Banda de los Copitos la ha recuperado en el GBA.
El factor CFK como aspiradora de votos, de a poco, comienza a debilitarse. Dormir en la tranquilidad de compartir la lista con la vicepresidente si es candidata no asoma con el mismo nivel de certeza que en otros tiempos.
El problema es que hoy nadie les propone algo mejor. Tantas veces se anunciaron rebeliones de alcaldes que mencionarlo una vez más cansa.
La última y única real fue en el 2013 cuando se armó el Frente Renovador con Sergio Massa y un grupo de alcaldes. Le ganaron a Cristina Kirchner. El año que viene habrán pasado 10 años de aquello. De esos intendentes muchos ya no gobiernan sus distritos, otros están en Juntos por el Cambio - Joaquín de La Torre busca ser gobernador - y el líder de entonces es el ministro de economía de hoy. El mismo que intenta salvar del naufragio al invento electoral de Cristina Kirchner: el Frente de Todos.
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