Lo cierto es que la virtud política para mantener 23 años de equilibrio a pesar de los múltiples tropiezos es para reconocer. Sobre todo, en materia electoral.
En las casi dos décadas y media que transcurrieron desde aquel 12 de julio en Córdoba, nadie pudo siquiera competir con la gestión del peronismo en una elección. Quién más cerca estuvo, tal vez, fue Luis Juez, que en su momento denunció el “robo” de la elección del 2007 que perdió en manos de Juan Schiaretti.
Por fuera de ese antecedente, que era la primera incursión sin el nombre de José Manuel de la Sota, el peronismo de Córdoba nunca se sintió amenazado y extendió sus raíces hacia los lugares más importantes. Por el lado judicial, la relación con ese poder siempre fue contenida, a diferencia de los pares kirchneristas.
Además, el peronismo de Córdoba también supo relacionarse con los medios en todas sus versiones, generando niveles de positividad en las opiniones cordobesas nunca antes vistas. Esto le permitió al espacio poder despegarse casi siempre de las crisis nacionales en materia política.
Así las cosas, el terreno político siempre fue el más cómodo para un peronismo cordobés que cosechó 23 años en el poder gracias a virtudes propias, y también errores ajenos. Con la falta de una oposición a la altura, la continuidad siempre estuvo asegurada, hasta ahora.
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De la Sota y Schiaretti, un tándem de poder.
En los tiempos que corren, el peronismo cordobesista se enfrenta a un desafío sin precedentes: cambiar de generación. El tiempo transcurrido agotó ciertos nombres, como el de Juan Schiaretti, por lo que el paso a nuevas generaciones es inevitable.
Y eso, claro, genera inestabilidad. Pero eso no es todo.
La evolución peronista en Córdoba manda, por decreto propio, que al menos una vez en estos 23 años se convierta al espacio en una nave nacional. Algo que intentó incansablemente el difunto José Manuel de la Sota, pero que el destino siempre le negó.
Ahora, ese legado quiere ser rematado por Juan Schiaretti, quién se encuentra diagramando un espacio nacional para ser gobierno en 2023. Así, buscarían “exportar” el cordobesismo a toda Argentina.
En esa coyuntura, y viviendo un ciclo regresivo en el contexto nacional (cerrando una etapa en el mismo lugar que la comenzó), el peronismo cordobés es el exclusivo responsable de lo bueno y lo malo que la provincia de Córdoba tiene hoy en su territorio. Una gestión de las más largas y que tiene posibilidades de extenderse más aún.
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