Desde el 2do período presidencial de CFK y el de MM, el PBI de la Argentina disminuyó -2,1% (3 primeros trimestres de cada año), pero el valor agregado correspondiente a la “Industria Manufacturera” se desmoronó: -18,6%.
El achicamiento fabril, por ende, superó en 16,5 puntos porcentuales al promedio de toda la economía, mientras en el mismo lapso el sector agropecuario creció un 6,8%.: la brecha entre campo e industria, en consecuencia, alcanzó los 25,5 puntos porcentuales.
Los 3 peores años de la Industria Manufacturera desde 2012 en relación con el PBI fueron 2014 (quedó en la mitad), 2016 (estuvo un tercio atrás) y 2019, cuando se contrajo 7,6% (3 primeros trimestres) contra -2,5% de retroceso del PBI.
Asfixia financiera
La contracción crediticia que experimentó la economía argentina desde los últimos meses de 2018 fue la principal razón del ensanchamiento a 5,1 puntos porcentuales de la brecha entre la performance industrial y el conjunto de la actividad económica, conforme advierte el informe del IERAL, de la Fundación Mediterránea.
De todos modos, remontándose a 2011, el trabajo concluye que "es difícil explicar el deterioro industrial por una cuestión de instrumentos de política económica", ya que "a lo largo de estos años ha habido etapas con y sin control de cambios, con mayor o menor restricción al comercio exterior, con y sin metas de inflación".
Llama la atención de que la industria comparte con el agro y los hidrocarburos la producción de bienes que compiten en el mercado global, aunque previene que el retorno de las inversiones en la industria requiere, por sus peculiaridades, de mayores plazos, en un contexto en el cual han incidido con mucha fuerza tanto el 'factor China' como el 'factor Brasil', según los autores.
Fue letal para la industria, sobre todo, la emisión 0 que aplicó la Administración Macri en plena asfixia crediticia, consecuencia de las volatilidad cambiaria de 2018, que derivó en el descenso del PBI: varias de las grandes empresas, como Coca-Cola, entraron en programas especiales de achicamiento arbitrados desde la cartera de Producción y Trabajo, hubo una sangría de Pymes y buena parte de las empresas fueron puestas en venta.
Tal es así que 2018 batió el récord de las últimas 2 décadas en materia de fusiones y adquisiciones.
Los cambios de manos totalizaron en Argentina US$7.277 millones, el monto más alto desde el 2000, cuando la convertibilidad llegó a su fin y las compañías ganadoras locales y extranjeras que quedaron con el botín de las perdedoras, que sumó US$9.650 millones.
La operación que involucró a YPF en 1999 había hecho romper las marcas, que alcanzaron los US$18.711 millones, cuando en 1998 llegó a US$8.561 millones.
La misma motivación de principios de siglo de aprovechar la valorización financiera movilizó a los inversores con excedentes a comprar empresas que no implicó la creación de nuevas capacidades.
Por ejemplo, en 2018, Clarín se fusionó con Telecom; Raizen Energía, de Brasil, compró el downstream a Shell Argentina; y Vista Oil a Entre Lomas.