Según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, son un tipo célula de la sangre que se produce continuamente en la médula ósea y se encuentra en la sangre y el tejido linfático. Los más conocidos son los granulocitos (neutrófilos, eosinófilos y basófilos), los monocitos y los linfocitos (células T y células B).
Cuando los exámenes médicos señalan un recuento alto de glóbulos blancos podría indicar que el sistema inmunitario está trabajando para destruir una infección, una advertencia de estrés físico o emocional o también en personas con ciertos tipos de cáncer.
Por otro lado, un recuento bajo podría avisar que una lesión o condición está destruyendo las células más rápido de lo que se generan o que el cuerpo está produciendo demasiado pocas.
El sistema inmune en su conjunto está formado por varios órganos, células y proteínas. Como se ve en el video, esta barrera protectora se activa cuando el cuerpo reconoce elementos que no son propios, que pueden ser bacterias, hongos y virus llamados antígenos.
Una vez que estos antígenos se adhieren a receptores especiales en las células inmunitarias, se desencadena toda una serie de procesos en el organismo, explican los National Institutes of Health (NIH).
Además, una vez que el cuerpo ha entrado en contacto con un germen que causa la enfermedad por primera vez suele almacenar información sobre él y las instrucciones para combatirlo. Luego, en un segundo contacto, lo reconoce de inmediato y puede comenzar a combatirlo más rápido.
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