Los cambios implementados generan un aumento del rendimiento, dando lugar a baterías que podrían mantener en funcionamiento un teléfono móvil durante cinco días y un coche eléctrico durante más de 1.000 kilómetros en un mercado que hasta ahora no logra superar los 600 Km.
Los autores de este invento explicaron que también supone un procedimiento sencillo, barato y con menor impacto ambiental que el de otros acumuladores ya que incluye procesos basados en agua, minimizando la producción de desechos contaminantes.
Estos investigadores cuentan ya con una patente y las piezas necesarias se fabricaron con éxito en el Fraunhofer Institute for Material and Beam Technology, de Alemania.
La novedad atrajo el interés de algunos fabricantes de baterías de litio de China y Europa, que manifestaron su interés por adquirirlas en caso de un aumento de la producción. De momento seguirán realizándose pruebas en tierras australianas.