En sí mismo, el fiasco no implica un fracaso terrible. Después de todo, los mismos documentos constitutivos de DARPA establecen como su objeto, como su propósito, experimentar con tecnologías de alto riesgo, muchos de los cuales no logran los resultados buscados. Es justamente esa dedicación a los proyectos de alto riesgo y grandes rendimientos lo que lleva a lograr avances como el GPS o la Internet. Sin embargo, estos contratos fueron dados a RedX Defense, una empresa participada por la saliente directora de DARPA, Regina Dugan y que esta administrada por la familia Dugan. Los jefes de la Agencia dijeron en repetidas ocasiones que la inversión en RedX constituía una pérdida de tiempo. Sin embargo, siguieron adelante con la contratación de todos modos. En lo que importa, según una fuente familiarizada con la labor de RedX: "La tecnología no funcionó".
Dugan anunció a principios de este mes que dejaba el Departamento de Defensa para asumir una "posición cómo ejecutivo senior" en Google. En ese momento, los portavoces militares insistieron en que la movida no tenía nada que ver con la investigación del inspector general del Pentágono sobre los contratos que DARPA le dio a RedX. Esa investigación, impulsada por notas periodísticas publicadas en Danger Room (de Wired) que se espera concluya en cuestión de semanas, puede resultar, sin embargo, más dañina de lo que se sospechaba.
RedX Defense se negó a comentar la presente historia. Sin embargo, el portavoz de DARPA, Eric Mazzacone señala que los detectores de explosivos de RedX están "en uso hoy en día en todo el mundo, incluyendo a USA, Canadá, Inglaterra, China, Tailandia, Afganistán e Irak". Los escuadrones antiexplosivos de USA, las unidades de inteligencia y las fuerzas especiales han adquirido estas máquinas. En noviembre, la compañía anunció que el Grupo Expedicionario de Seguridad Marítima de los Marines estadounidenses había comenzado a utilizar los detecta explosivos de RedX.
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La relación entre DARPA y RedX se inició formalmente el 30/09/2005 según se desprende de los documentos obtenidos en virtud de la Ley de Libertad de la Información. La compañía, fundada ese mismo año, firmó un acuerdo por US$ 1,3 millones para la "detección de actividad explosiva en bombardeos y fabricantes de bombas", una amenaza mortal que enfrentaban las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán. El objetivo era construir un "prototipo de sistema de refinado" para encontrar los explosivos y "evaluar su rendimiento" con DARPA. La fundadora y presidente, Regina Dugan, firmó el contrato en nombre y representación de RedX.
RedX podría haber sido una empresa joven, pero ya era bien conocida por DARPA. Dugan había liderado previamente un equipo de trabajo para la detección de explosivos en el marco de un programa de la agencia y DARPA había patrocinado la investigación que finalmente constituyó el núcleo del sensor de RedX.
Dos años más tarde, RedX tenía su prototipo refinado, y comenzó a comercializar su detector de bombas "XPAK" a diferentes grupos dentro del mismo gobierno. Sin embargo, el sensor era un tanto grande y de uso torpe para el campo de batalla (las 2 piezas principales del equipo consistían en una especie de rodillo y un visor que ocupaba prácticamente la totalidad de una mochila transportadora). Por lo tanto, en el 2007, DERPA le dio a RedX un pequeño contrato de financiación por unos US$200.000 para ver si podían reducir el tamaño del detector y aumentar su fiabilidad, especialmente en la detección de explosivos de tipo comercial, como el RDX y el TNT.
El equipo de RedX se basó en un proceso llamado "extinción de fluorescencia”. Se inicia con un pedazo de papel, impregnado con pequeñas cantidades de colorante fluorescente -del tipo que normalmente se ilumina bajo la luz ultravioleta, como un viejo cartel de Pink Floyd-. El tinte se realiza aplicando cápsulas de tamaño micrométrico que se mantienen relativamente estables en el aire hasta que se rompen por la presión (los perfumes y fragancias "rasque y huela” incluidos en algunas publicaciones funcionan del mismo modo). RedX rompe las cápsulas con su rodillo y, si hay residuo explosivo o algún otro "acelerador" en el objetivo, los electrones del explosivo se unirán al colorante, haciendo que este deje de brillar. El efecto Pink Floyd desaparece.
En teoría, esto era -y es- un enfoque prometedor. Muchas unidades militares han comprado los XPaks. En la práctica, conseguir que las cápsulas de XPAK permanezcan estables, no es tarea fácil. No sólo las cápsulas tienen que ser perfectamente uniformes, para que la prueba funcione, sino que de deben funcionar todas en as mismas condiciones. Pruebas posteriores demostraron que con niveles de humedad superiores al 30%, los detectores dejaban de funcionar. Más importante, sin embargo, los explosivos no eran los únicas que hacían que desaparezca el brillo. El mismo efecto se consigue con todo otro material orgánico, lo que significa que el dispositivo RedX emitía todo tipo de 'falsos positivos', detectando bombas donde no las había.
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"La tasa de falsos positivos fue extraordinaria", dijo una persona familiarizada con los resultados del programa. "Y la vía para deshacerse de los falsos positivos no estaba del todo claro". Los funcionarios de DERPA que supervisaban las pruebas de RedX decidieron dejar de trabajar con la empresa.
Sin embargo, los días de RedX con DARPA no habían terminado. De hecho, el 19/02/2009, la empresa consiguió otro contrato de DERPA por US$ 410.000 con la Oficina de Ciencias de la Defensa de la agencia (DSO). Eso fue un poco extraño, DSO se supone que debe hacer frente a las preguntas fundamentales más difíciles de la ciencia básica, y RedX supuestamente tenía un detector de bombas lo suficientemente avanzado para el combate. Pero había una idea de que la tecnología RedX podría ser mejor para la detección de bombas caseras -a base de nitratos- que para la detección de bombas de calidad comercial. Y puesto que esas bombas de fabricación casera eran las que estaban diezmando a las tropas estadounidenses en Afganistán, la agencia pensó que valía la pena darle otra oportunidad a RedX.
Era un proyecto a corto plazo, con una revisión final alrededor del Día de la Memoria de 2009 (el último día de mayo de cada año). De acuerdo con Mazzacone, portavoz de DARPA, el proyecto fue un éxito. "El esfuerzo de investigación básica ha identificado vías prometedoras de detección que serán adecuados para un embalaje en equipo portátil para su utilización en el campo de batalla. Esta tecnología fue maximizada a principios de 2011 y se realizará la migración a las Fuerzas Armadas de USA y sus aliados", le dice a Danger Room en un e-mail.
Pero los militares que conocen bien las idas y venidas del proyecto cuentan una historia diferente. Cuentan que los resultados de las segundas pruebas no difieren mucho de los de las primeras. "La química no parecía funcionar”, cuenta uno de los soplones. "Los falsos positivos son todavía un gran problema".
Dugan continuaba insistiendo en que RedX podría traer un mejor resultado si sólo DARPA le diese un poco más de dinero, y organizó una nueva presentación para los ejecutivos de la agencia para presentar un nuevo detector de explosivos en miniatura al que denominó "Multi-Ensayo de toma de muestras y pruebas de activación generalizada" - "Mae West," para abreviar en inglés.
Luego, en julio de 2009, Dugan fue nombrada directora de DARPA. Su padre, Vince, se convirtió en CEO de RedX. Su hermana, Christina Haney, trabajó como vicepresidente de marketing. Algunos empleados de DARPA suponía que Dugan vendería sus acciones en RedX, ya que la empresa continuaba con sus contratos con una agencia que ahora dirigía su co-fundadora y ex directora ejecutiva. Sin embargo, Dungan no vendió sus acciones. Tampoco condonó el préstamo por US$ 250.000 que le concedió a RedX.
Dugan oficialmente se excusó de todos los negocios entre la agencia y la empresa. Una posterior auditoria interna del Pentágono concluyó que la recusación era "compatible con la letra y el espíritu de las leyes, las regulaciones y las políticas que rigen los conflictos de interés", según el teniente coronel Melinda Morgan, un portavoz del Pentágono. Pero la medida no era compatible con la historia reciente de DARPA. Bajo el mandato del anterior director, Tony Tether, los contratos que planteaban un posible conflicto de intereses se pasaban a alguien superior en la jerarquía del Pentágono, que teóricamente sería inmune a las presiones de sus subordinados. En cambio, Dugan dejó las decisiones relativas a RedX a sus empleados -personas muy conscientes de los antecedentes de su nuevo jefe y sus lazos familiares con RedX-.
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Unas semanas después de que Dugan asumiese el mando de la agencia, su empresa familiar presentó una propuesta para financiar MAE WEST con US$ 3,5 millones. La propuesta provocó una tormenta dentro de la agencia, según una fuente familiarizada con la investigación del inspector general. No sólo estaba la empresa vinculada a la nueva directora, sino que había preocupantes y sospechosos vacíos en la propuesta -desde el programa de pruebas hasta el método científico a ser utilizado-. Sin embargo, según afirma esa misma fuente, el subdirector de la agencia Ken Gabriel les dijo a los empleados que debían poner la propuesta de RedX "al principio de la lista".
"Ningún otro programa tenía este tipo de presión", agrega la fuente. "O incluso tato interés".
Tras meses de disputas, los empleados de la agencia acordaron otorgarle a RedX otro contrato, pequeño. Si la compañía tuviese éxito, entonces podría recibir una serie de subvenciones concedidas por DARPA pero administradas por el Departamento de Seguridad Nacional. El 27/01/10, RedX recibió US$ 400.000 de DARPA. Irónicamente, fue uno de los últimos contratos de ese tipo emitidos por la agencia. Dugan abolió las programas de financiación para este tipo de proyectos no mucho tiempo después).
RedX obtuvo un éxito parcial. Se las arregló para reducir el tamaño de su visor-mochila hasta algo más cercano a las dimensiones de una grapadora. Las cápsulas en su "rasque y huela” estaban mucho más uniformes. Y así, DARPA le concedió a DHS el dinero para administrar la siguiente fase del programa. Un contrato de US$ 1,4 millones fue firmado el 31/08/10.
Pero el nuevo detector de RedX no ha demostrado ser más eficaz que los anteriores. En las pruebas realizadas en julio de 2011, cuenta una fuente del ejército, que el dispositivo tenía una tasa de falsos positivos de casi 1 de cada 3. Era bastante bueno en la detección de explosivos convencionales, identificándolos casi 3 de cada 4 veces. Pero la capacidad del aparato para detectar explosivos de fabricación casera -el tipo más frecuente hoy en día en Afganistán- ha sido desastrosa: sólo el 47%. "Eso es menos que jugárselo con una moneda”, dice la fuente que prefiere mantener el anonimato.
Las bombas de fabricación casera siguen siendo una terrible amenaza para las tropas estadounidenses en el extranjero. Más de 8.100 soldados estadounidenses han muerto o han sido heridos por estos explosivos en Afganistán. Por lo tanto, es comprensible que los investigadores más importantes del Pentágono quieran hacerse con el mejor detector de explosivos posibles, Es comprensible que DARPA pueda fallar en sus intentos por resolver el problema. La detección de explosivos es un proceso notablemente complicado. De hecho, DARPA ha estado tratando lograr un mejor rastreador de bombas por lo menos desde 1997, y todavía no puede encontrar nada mejor que la nariz de un perro. Lo que es difícil de entender es porque las mentes más brillantes del Departamento de Defensa siguen aplicando una tecnología que ya ha demostrado ser muy eficaz.
Probablemente sea el Inspector General del Departamento de Defensa quien mejor pueda responder a esa pregunta.