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¿Por qué OpenAI traicionó a Disney y frenó la inteligencia artificial en Hollywood?

OpenAI canceló Sora y fulminó un contrato de US$1.000 millones con Disney para sanear sus cuentas antes de su histórica salida a bolsa. Y Hollywood sufrió.

La ambición de OpenAI por llegar a Wall Street se cobró su primera gran víctima en Hollywood. Para eliminar pérdidas operativas de casi un millón de dólares diarios, la empresa de Sam Altman canceló Sora, su generador de video con inteligencia artificial, y pulverizó un acuerdo valuado en US$ 1.000 millones con Disney.

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El gigante del entretenimiento recibió la notificación con menos de una hora de anticipación y debió refugiarse de urgencia en el mercado asiático de los webtoons.

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El implacable camino de OpenAI hacia Wall Street

OpenAI acaba de cerrar una ronda de financiamiento récord de US$ 122.000 millones, con una valoración que escaló hasta los US$ 852.000 millones. A esa escala, la empresa de Sam Altman ya no puede tolerar proyectos que funcionen como sumideros de capital.

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Detrás de la cancelación de Sora no hay un fracaso tecnológico: hay una limpieza de balances ejecutada con precisión quirúrgica.

Según The Wall Street Journal, sostener la infraestructura de cómputo necesaria para la generación de video insumía casi un millón de dólares diarios, un costo imposible de justificar ante inversores institucionales que exigen rentabilidad antes de la salida a bolsa.

La decisión tiene lógica financiera contundente: el negocio corporativo de OpenAI, impulsado por GPT-5.4, ya representa el 40% de sus ingresos totales y factura más de US$ 2.000 millones mensuales. El video fotorrealista, por más impactante que fuera como demostración tecnológica, simplemente no competía en esa liga.

La hora más oscura de Disney frente a la IA

Disney mantenía en fase piloto una versión empresarial de Sora diseñada para revolucionar sus áreas de marketing y efectos visuales. La relación entre ambas corporaciones quedó "prácticamente inactiva" de la noche a la mañana, según reportes del sector.

Lo más revelador no es la cancelación en sí, sino el modo en que ocurrió: los ejecutivos de Disney fueron notificados con menos de una hora de anticipación. Un desplante que, en los términos de una negociación corporativa de esta magnitud, equivale a una afrenta pública.

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El quiebre anula un acuerdo de valor proyectado en US$ 1.000 millones y deja en evidencia un riesgo que muchos estudios tradicionales ignoraron: depender de startups de inteligencia artificial implica quedar expuesto a sus prioridades financieras, no a las creativas.

¿Qué tan dependiente estaba Disney de OpenAI?

  • Sora estaba integrada en flujos de trabajo de marketing y VFX
  • El acuerdo contemplaba uso exclusivo para propiedades intelectuales de Disney
  • No existía un plan de contingencia público ante una cancelación súbita

El "Plan B" de Josh D'Amaro: webtoons y pragmatismo

Frente al golpe, el nuevo CEO de Disney, Josh D'Amaro, ejecutó una maniobra de control de daños inmediata y sorpresiva.

La compañía cerró un acuerdo con Comixit, plataforma líder en el sector de los webtoons, bajo la conducción de Michael Nakan. La alianza permitirá a Disney adaptar más de 100 propiedades intelectuales al formato de cómic digital para penetrar los mercados de Europa, Medio Oriente y Asia.

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Aunque carece del impacto mediático que prometía un generador de video fotorrealista, el movimiento aporta algo que Disney necesita con urgencia: una línea de ingresos predecible y de bajo costo operativo.

Es una señal de estabilidad para los accionistas. Y también una admisión tácita de que la era de las grandes apuestas en IA generativa —al menos para los estudios— tiene costos y riesgos que pocos supieron calcular.

El fin de las promesas del video fotorrealista barato

Prometer videos fotorrealistas a partir de un simple comando de texto fue un gancho de marketing extraordinario. Pero su escalabilidad comercial resultó insostenible al momento de medir retornos reales.

OpenAI demostró que es mucho más rentable vender agentes inteligentes a corporaciones que subsidiar el costo de renderizado para estudios de cine o creadores de contenido. Las matemáticas son brutales: US$ 2.000 millones mensuales en ingresos corporativos versus casi US$ 30 millones mensuales en costos solo de infraestructura de video.

Embed - Security Camera Captured This Unbelievable Moment | sora 2

La lección para Hollywood es clara y no admite matices: las empresas de Silicon Valley priorizarán a sus accionistas por encima de cualquier revolución creativa. Si la IA no genera retornos inmediatos y medibles, el enchufe será desconectado —sin importar el tamaño del socio ni el acuerdo firmado.

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