
Sucede que están perdiendo material cada año a causa de micrometeoritos y la radiación del Sol, según explicó un artículo de The Atlantic. Ambos componentes están electrificando las piezas polvorientas de los anillos.
Luego, aquellas partículas transformadas se sintonizan con las líneas del campo magnético del planeta y comienzan a girar en espiral. Cuando se acercan demasiado a la parte superior de su atmósfera, la gravedad las atrae y se vaporizan. Los astrónomos llaman a este fenómeno "lluvia de anillos".
“Estamos mirando los anillos de Saturno en su apogeo”, dijo James O'Donoghue, científico planetario de JAXA (la agencia espacial de Japón), a la periodista Marina Koren.
Desde la Tierra, el planeta parece inmutable. Pero, a gran escala, es fugaz.
Con todo, O'Donoghue advirtió que el proceso llevará un tiempo. Otros científicos han estimado que los aros desaparecerán en unos 300 millones de años. Es decir que los habitantes de la Tierra todavía tienen mucho tiempo para estudiarlos.
Los anillos de Saturno han cautivado la atención de observadores y científicos durante siglos, pero el primer acercamiento fue a principios de la década de 1980 cuando la nave espacial Voyager de la NASA pasó cerca.
En aquel entonces, los astrónomos creían que los aros se habían formado al mismo tiempo que el planeta, hace unos 4.600 millones de años.
Pero gracias a Voyager el relato cambió: a partir de las observaciones se entendió que el sistema no tenía tanta masa como habían predicho los investigadores, lo que significaba que no podían tener miles de millones de años.
Además, los anillos tendrían que ser mucho más jóvenes, tal vez de entre 10 y 100 millones de años. El consiguiente misterio fue de dónde provino la materia prima para formarlos.
En 2017, otra nave espacial de la NASA llamada Cassini pasó rozándolos y envió la mayor cantidad de información posible. Sus medidas respaldaron lo que habían observado las misiones Voyager, que los anillos no eran lo suficientemente masivos para ser antiguos.
La comunidad científica aún no ha llegado a un consenso sobre su origen, pero consideran que los aros probablemente se formaron cuando una vieja luna de Saturno se acercó demasiado y se hizo pedazos.
Probablemente, la luna era pequeña, dijo O'Donoghue. De hecho, el satélite natural de la Tierra podría usarse para crear miles de sistemas de anillos como el del planeta.
“Es muy, muy triste que los anillos desaparezcan en el futuro”, agregó el astrónomo. Pero "estoy muy feliz de que tengamos la suerte de verlo".
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