Comprender que las pandemias no son tan raras debería aumentar la prioridad de los esfuerzos para prevenirlas y controlarlas en el futuro.
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La probabilidad de una nueva pandemia no hace más que crecer, según los investigadores.
El estudio sobre nuevas pandemias
El estudio se dirigió desde la Universidad de Padua en Italia y utilizó nuevos métodos estadísticos para medir la escala y la frecuencia de los brotes virales para los cuales no hubo intervención médica inmediata.
El análisis incluyó la peste, la viruela, el cólera, el tifus y los nuevos virus de la gripe. En efecto, identificaron patrones que les permitieron describir las probabilidades de que ocurrieran nuevamente estos eventos de escala similar.
En el caso de la pandemia más mortífera de la historia moderna, la gripe española, que mató a más de 30 millones de personas entre 1918 y 1920, la probabilidad de que ocurriera una pandemia de magnitud similar osciló entre el 0,3% y el 1,9% anual durante ese período.
Tomadas de otra manera, esas cifras significan que es estadísticamente probable que ocurra una pandemia de la misma escala en los próximos 400 años.
Sin embargo, los números no son estables, sino que han mostrado que el riesgo de brotes virales intensos está aumentando rápidamente.
Basado en la creciente tasa a la que nuevos patógenos como el SARS-CoV-2 se han desatado en las poblaciones humanas en los últimos 50 años, el estudio estima que la probabilidad de nuevos brotes virales probablemente se triplicará en las próximas décadas.
Usando este factor de riesgo aumentado, los investigadores estiman que es probable que ocurra una pandemia de escala similar a la COVID-19 en un lapso de 59 años.
También calcularon la probabilidad de una pandemia capaz de eliminar toda la vida humana, encontrándola estadísticamente probable dentro de los próximos 12.000 años.
Los autores enfatizaron que las estadísticas no quieren decir que podemos estar tranquilos por 59 años, sino que tales eventos son igualmente probables en cualquier año durante el lapso.
Entre las causas de este incremento de la frecuencia, los investigadores sugieren que pueden estar incluidos el crecimiento de la población, los cambios en los sistemas alimentarios, la degradación ambiental y el contacto más frecuente entre humanos y animales portadores de enfermedades.