Según Alexandre, ambos trastornos generan un círculo vicioso. Esto ocurre porque la grasa abdominal “secuestra” la vitamina D circulante y la almacena en los adipocitos (células grasas), impidiendo que llegue al torrente sanguíneo. “Esto significa que, aunque el organismo pueda tener vitamina D almacenada en la grasa, esta no se encuentra disponible en la sangre para desempeñar sus funciones vitales en otros órganos y sistemas”, explicó.
Un estudio alertó acerca del exceso de grasa abdominal y junto a la falta de vitamina D puede ser más peligrosa de lo creído.
Las personas con obesidad presentan una menor expresión de las enzimas necesarias para el metabolismo de la vitamina
Otro factor importante es que las personas con obesidad presentan una menor expresión de las enzimas necesarias para el metabolismo de la vitamina, lo que reduce aún más su disponibilidad. “La obesidad abdominal disminuye la vitamina D circulante y esta deficiencia, a su vez, afecta el sistema inmunológico, agravando la inflamación crónica ya provocada por el exceso de grasa y aumentando drásticamente el riesgo de mortalidad”, expresó Alexandre.
A este cuadro se suma el hecho de que el envejecimiento está naturalmente marcado por un proceso conocido como inflammaging, un estado de inflamación crónica de bajo grado. “En condiciones normales, la vitamina D actúa como reguladora del sistema inmunológico, evitando que la inflamación se descontrole. Cuando sus niveles son bajos y, además, existe un exceso de grasa abdominal, se establece un ambiente sistémico desfavorable que acelera las enfermedades cardiovasculares y metabólicas, así como la pérdida de masa muscular”, señaló.
Un estudio alertó acerca del exceso de grasa abdominal y junto a la falta de vitamina D puede ser más peligrosa de lo creído.
Efecto en cascada
Este estudio es el más reciente de una línea de investigación sobre el papel de la vitamina D en el envejecimiento. “En estudios anteriores identificamos un efecto en cascada. La deficiencia de vitamina D provoca pérdida de fuerza muscular, lo que reduce la velocidad de la marcha y genera pérdida de autonomía y mayor dependencia para realizar las actividades de la vida diaria”, sostuvo Alexandre.
Además, otro estudio del mismo grupo demostró que la deficiencia de vitamina D también aumenta el riesgo de deterioro cognitivo.
“La vitamina D es una hormona con múltiples funciones. Participa en la regulación de la presión arterial, la frecuencia cardíaca, el sistema nervioso central, el sistema inmunológico y el sistema endocrino. Por ello, cuando sus niveles son bajos, diversas funciones esenciales del organismo se ven comprometidas”, concluyó.
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