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Imagenes de Ío a lo largo del tiempo.
Según diversas teorías, el hecho de que las erupciones se estén llevando a cabo de una forma extraña quiere decir que hay una composición química distinta a la de otros lados, por ejemplo, a los volcanes de la Tierra. Esto podría tener respuesta próximamente. En el 2016 se envió la Sonda espacial Juno de la NASA a orbitar Júpiter. Y en diciembre del 2023 orbitará cerca de ío. Podría ser la ocasión perfecta para averiguar qué es lo que está ocurriendo.
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No hay forma de ver a Ío por dentro, pero algo así luciría. Es impresionante.
Estudiar la anomalía podría extraer, con mayor detalle, los diferentes tipos de volcanes en Ío, así como las interacciones con las otras lunas masivas alrededor de Júpiter. No obstante, para esto será esencial archivar muchos más datos y así unir todas las piezas. Incluso vendría bien emplear otros poderosos telescopios en la Tierra, como el Telescopio Espacial James Webb, así como de la sonda espacial Juno.
Un poco de historia: Ío fue descubierta por Galileo el 7 de enero de 1610, fecha en que halló junto a Júpiter «tres estrellas fijas, totalmente invisibles por su pequeño tamaño», según anotó en su diario.
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