En otras palabra, las personas tienden a chismear menos con quienes son amigos del sujeto del chisme, sobre todo si este es popular, y chismean más con quienes son populares, pero tienen una conexión remota con el sujeto, detalla la Brown University.
“Nos basamos en dos factores importantes al calcular con quién compartir un chisme: su popularidad y su conexión con la persona sobre la que se habla”, afirmó Oriel FeldmanHall, autor del estudio y profesor asociado de ciencias cognitivas y psicológicas en la Universidad de Brown, afiliado al Instituto Carney de Cierncias del Cerebro.
“Este algoritmo ganador nos permite compartir información ampliamente sin que la persona sepa que estamos hablando de ella”, agrega.
De acuerdo con los investigadores, el algoritmo del chisme en el cerebro funciona de manera similar al de las redes sociales.
“Las plataformas de redes sociales utilizan algoritmos funcionalmente similares para predecir el comportamiento de las publicaciones compartidas basándose en información como la cantidad de “me gusta” o el número de seguidores, lo que indica la influencia de un usuario y su capacidad para difundir contenido en la red”, afirmó según la autora del estudio, Alice Xia, estudiante de doctorado en ciencias cognitivas en Brown University.
“Así es básicamente como conseguimos que el contenido se viralice”, añadió.
¿Qué pasa en el cerebro con el chisme?
En un estudio inicial, los investigadores presentaron a los participantes una red ficticia de nueve miembros. Les asignaron un objeto de chisme y les pidieron que determinaran la probabilidad de que compartieran ese chisme con otros miembros de la red.
Los investigadores encontraron que los participantes utilizaban la distancia social y la popularidad para predecir cómo fluiría el chisme.
Seguidamente, hicieron un experimento con al menos 200 estudiantes de primer año de la Universidad Brown, y confirmaron su teoría.
Los investigadores colaboraron entonces con Matt Nassar, profesor adjunto de neurociencia afiliado al Instituto Carney, para crear un modelo computacional de cómo el cerebro de una persona simula y predice el movimiento de chismes a través de su red social.
Encontraron que el cerebro humano utiliza mapas mentales para predecir cómo podría difundir el chisme en una red social.
“El cerebro comprime lo que una persona observó (por ejemplo, Mary tomando café con James, luego James pasando el rato con Adam) en un mapa simplificado de la red, lo que le permite a la persona hacer conjeturas fundamentadas sobre quién escuchará qué, incluso cuando esas personas están a varios pasos de distancia una de la otra”, dijo Xia.
Según FeldmanHall, estos hallazgos sugieren que los chismes no son mera charla ociosa.
“El hecho de que nuestros cerebros inviertan tanto cálculo mental en mantener nuestros chismes fuera de las manos equivocadas es un testimonio del poder de los chismes y la sofisticación del cerebro humano”, dijo FeldmanHall.
Los resultados del estudio aparecen en Nature Human Behaviour.
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