La Agencia Espacial Europea (ESA) lanzó tiempo atrás 3 aparatos para formar una constelación y confirmar lo que se sospechaba: debilitamiento y anomalías del campo magnético. Esto es lo que se llamó la misión Swarm.
Las últimas observaciones muestran que el polo norte magnético se está desplazando en dirección a Siberia, a una velocidad de unos 20 kilómetros por año. Según rescata la prensa europea, en los últimos 200 años este campo perdió un 9% de su intensidad y desde 1970 se conoce la existencia de un "agujero", la llamada Anomalía del Atlántico Sur, una zona en la que la intensidad del campo magnético está considerablemente reducida. Esta zona va desde América del Sur hasta África pero los últimos registros indican que se está extendiendo hacia el oeste.
Para tener real magnitud de lo que significa el campo magnético, el diario ABC de España lo graficó muy bien: La vida es posible en la superficie de la Tierra porque el campo magnético del planeta desvía el viento solar, evitando la erosión de la atmósfera y el bombardeo de la superficie por radiación de alta energía. De hecho, si no fuera por este campo, nuestro planeta se parecería a Marte, un mundo frío y reseco.
En un comunicado de la ESA, Jürgen Matzka, investigador del Centro Alemán de Investigación en Geociencias, dijo: "El nuevo mínimo oriental de la Anomalía del Atlántico Sur ha aparecido en la última década y en los últimos años se está desarrollando vigorosamente. Tenemos mucha suerte de tener los satélites Swarm en órbita para investigar el desarrollo de la anomalía del Atlántico Sur. El desafío ahora es comprender los procesos en el núcleo de la Tierra que impulsan estos cambios".
Se ha especulado si el debilitamiento actual del campo es una señal de que la Tierra se dirige a una eminente inversión de polos, en la que los polos magnéticos norte y sur cambian de lugar. Tales eventos han ocurrido muchas veces a lo largo de la historia del planeta y, aunque estamos muy atrasados por la tasa promedio a la que tienen lugar estas reversiones (aproximadamente cada 250 000 años), la caída de intensidad en el Atlántico Sur que ocurre ahora está dentro de lo que se considera Niveles normales de fluctuaciones.
"A nivel de la superficie, la Anomalía del Atlántico Sur no presenta motivos de alarma. Sin embargo, es más probable que los satélites y otras naves espaciales que vuelan por el área experimenten fallas técnicas, ya que el campo magnético es más débil en esta región, por lo que las partículas cargadas pueden penetrar en las altitudes de los satélites en órbita terrestre baja", alertó el organismo.
"El misterio del origen de la Anomalía del Atlántico Sur aún no se ha resuelto. Sin embargo, una cosa es cierta: las observaciones de campo magnético de Swarm están proporcionando nuevas y emocionantes ideas sobre los procesos apenas entendidos del interior de la Tierra", advirtió.
El campo magnético de la Tierra es vital para la vida en nuestro planeta. Es una fuerza compleja y dinámica que nos protege de la radiación cósmica y las partículas cargadas del Sol. El campo magnético es generado en gran parte por un océano de hierro líquido en espiral sobrecalentado que forma el núcleo externo alrededor de 3000 km debajo de nuestros pies. Actuando como un conductor giratorio en una dinamo de bicicleta, crea corrientes eléctricas, que a su vez generan nuestro campo electromagnético en constante cambio.
Este campo está lejos de ser estático y varía tanto en fuerza como en dirección. Por ejemplo, estudios recientes han demostrado que la posición del polo norte magnético está cambiando rápidamente.
En los últimos 200 años, el campo magnético ha perdido alrededor del 9% de su fuerza en un promedio global. Una gran región de intensidad magnética reducida se ha desarrollado entre África y América del Sur y se conoce como la Anomalía del Atlántico Sur.