La medida fue bien recibida por los grupos de defensa del medio ambiente y por los científicos de la zona ya que la salmonicultura industrial pondría en peligro el ecosistema único y vulnerable que posee el Canal de Beagle.
El lado malo
Las monedas tienen dos caras y, mientras esta es una gran noticia a nivel medioambiental, también afecta al resto del país en cuanto al consumo y a la economía.
El primer punto, y tal vez el más superficial, es que el Canal de Beagle era el proveedor de salmón de toda la Argentina. El boom del take out y el delivery durante la pandemia sumado a la puesta en moda del sushi se ven directamente afectados por la falta de abastecimiento.
Los precios del sushi con salmón aumentarán o tendrán que tenerse en cuenta alternativas que incluyan otros tipos de pescados o que, directamente, sean opciones vegetarianas/veganas.
En cuanto al aspecto económico, la salmonicultura industrial es un negocio que crece a gran escala en todo el mundo.
Mowi Group, una empresa multinacional de salmón Atlántico, registró ventas de 1.000 millones de euros durante el segundo trimestre del 2021.
La solución
Aunque la salmonicultura industrial es perjudicial para algunos ecosistemas, hay grupos que están buscando desarrollar la forma de mantener la producción de salmón pero sin dañar al planeta.
El Proyecto Millennial Salmon, ya puesto en marcha, tiene como objetivo trabajar en todas las etapas de producción para asegurar que la cadena funcione de manera sustentable y sin poner en riesgo el medio ambiente ni a la especie de peces.
Nofima, el instituto noruego detrás de la iniciativa, busca aplicar las normas de la economía circular dejando una baja huella de carbono.