Por cierto, si te quedaste con ganas de otra recomendación: La miniserie de Netflix en la que todos guardan un secreto
Unos alienígenas originales
Las películas lo han hecho todo, desde extraterrestres que tienen voces lindas e intelectuales, hasta extraterrestres que son francamente monstruosos y gruñen ante cualquier cosa. Nadie Podrá Salvarte tiene una raza alienígena que no habla, pero usa ondas sonoras, chasquidos y chillidos para hablar con sus parientes y comunicarse con su nave.
Los sonidos pueden ser rugientes, resonantes, huecos y, a veces, hirientes para el oído.
No se utilizan subtítulos, ya que solo intentarían describir los sonidos del extraterrestre, la respiración superficial, el sonido de la carrera y los golpes sordos. Pero esa es la belleza de la película y encaja perfectamente con el personaje de Brynn. Brynn es una persona hogareña que lucha por lograr una interacción y conversación humana sencilla.
Se ve empujada a una situación en la que no está obligada a hablar y los extraterrestres tampoco lo hacen además de los sonidos.
Una crítica social
También tiene una crítica social implícita sobre el aislamiento, la discriminación y la violencia. Brynn es una joven que vive sola en una casa abandonada por sus padres. Su única compañía es su perro y su computadora. Los vecinos la miran con recelo y le hacen comentarios ofensivos. Su única amiga es una chica que trabaja en una tienda de conveniencia y que también es víctima de acoso.
De alguna manera, también ofrece una lectura de los comportamientos de la Generación Z.
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