Otra cosa con la que estaba a la vanguardia en materia de cuidados corporales fue en la utilización de mascarillas faciales para mantener el aspecto de la piel, junto con el desarrollo de hábitos de ejercicio. Todas las mañanas salía con su caballo o a hacer senderismo para mantener el cuidado del cuerpo, e incluso había instalado en la habitación unas anillas para hacer gimnasia sin ser vista. Lo mismo con la alimentación: Sissi tenía una dieta centrada en el consumo de carnes blancas, mayoritariamente pescado, junto con vegetales hervidos o al vapor.
Por supuesto que tuvo excentricidades que rozan lo cleopatrezco (como lavarse el pelo con coñac, dedicar dos horas a diario para arreglarse un cabello larguísimo, beber cinco claras de huevo o bañarse en leche de cabra) pero al margen de estas extravagancias puntuales, es claro que la personalidad de Sissi fue definida como la de una rebelde, como una mujer con un apasionado interés por la cultura y las artes, una emperatriz muy adelantada para la época que le tocó vivir.
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