El libro se inspiró en hechos reales de una historia que escuchó nuestra productora ejecutiva, Rachel Miller, que en realidad tuvo lugar en Ohio [...] Los huesos de la historia son ciertos y sucedieron, y quería tomar eso como un punto de partida El libro se inspiró en hechos reales de una historia que escuchó nuestra productora ejecutiva, Rachel Miller, que en realidad tuvo lugar en Ohio [...] Los huesos de la historia son ciertos y sucedieron, y quería tomar eso como un punto de partida
Por qué no molestarse en ver El diablo en Ohio
Porque palabras más, palabras menos, la trama se ha reciclado un sinfín de veces. Agregando un par de jumpscares en los momentos justos, tenemos otra alternativa al concepto del Niño maldito o Cursed Kid, donde un personaje, a menudo un niño o un adolescente, son portadores de una supuesta gran dosis de oscuridad, malinterpretada por el protagonista que en principio sólo puede ver a un menor traumatizado por un evento puntual.
Sin contar que la serie genera una mescolanza de simbologías paganas que (otra vez) se hacen pasar como un sinónimo de satanismo para constituir una secta inventada, y que se suman al largo compendio del terror hollywoodense: Ruidoso, decadente, basado en supersticiones católicas rimbombantes que poco tienen que ver con los reales significados históricos de tales simbolismos.
Volviendo al tropo del Cursed Kid, éste se hace desde las primeras adaptaciones de La profecía, y como ejemplo más reciente tenemos a La Huérfana, donde una mujer mayor se hacía pasar por una jovencita solitaria para ser adoptada y liquidar (en términos edípicos) a su madre adoptiva. Otra muestra en particular se puede sumar con Caso 39, donde Renée Zellweger interpreta a una trabajadora social que salva a una niña de sus padres abusivos, pero termina siendo una ruina en términos espirituales. Conceptualmente, se obtiene el mismo resultado que con esta serie, sumándole algún giro de trama sobrenatural, cosa que El diablo en Ohio carece, a pesar de amagar con tenerlo.
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La trama del niño maldito vuelve en forma de secta: El diablo en Ohio, otro de los (des)aciertos de Netflix
De una forma mucho más inteligente, una película que sí explota al máximo el concepto del Cursed Kid es Donde el diablo se esconde, que plantea de forma ambigua e inteligente la cuestión de si el mal es algo externo y espiritual a punto de entrar al mundo por medios mágicos, o si por el contrario es algo que está dentro de nosotros mismos y debemos lidiar con él todos los días, ambientado en la marginación de cinco chicas a manos de toda una aldea amish, por un presagio que no se entiende si es real o inventado sino hasta el final de la película.
En definitiva, El diablo en Ohio no merece nuestra atención por haberse edificado en un cocoliche de simbología pagana, perspectivas medievales sobre el diablo construidas desde las épocas de la inquisición, y un tropo que el público ya se sabe de memoria. El terror y el suspenso deberán enfriarse en la heladera de los ejecutivos del streaming por un tiempo, para ver si se puede reinventar de una forma más atrapante.
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