El eufemismo se debe a que Marilyn Monroe es otro más de los rostros legendarios de esa época, que terminaron en la más grande tragedia, debido a los constantes abusos de poder que padecieron y al eventual aislamiento al que terminaron sometiéndose. Judy Garland, Hedy Lamarr, Rita Hayworth, Romy Schneider, o Vivien Leigh también sufrieron las secuelas perpetradas por el lado más amargo de la industria.
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Ana de Armas deslumbra reencarnando en la despampanante blonda Marilyn Monroe, una versión ficcionada de Netflix sobre la vida de la actriz que no le hace justicia a tamaña interpretación.
Por otra parte, la película nos demuestra que quizás, lo único que necesitaba realmente Norma Jeane para salvarse de su alter ego Marilyn Monroe, era una amiga. Una amistad verdadera que la acompañe, que la proteja en un ambiente lleno de gente embustera para salir adelante, una persona a la que realmente pueda considerar como la familia que ella eligió. Por lo que seguir explotando el morbo de una figura así, no es del todo acertado, y no hay libertad creativa que valga.
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