El gobierno decide deliberadamente no reinvertir en la empresa y desviar los recursos financieros a “Fondos” destinados a gastos discrecionales, es decir, se produce menos y se distribuye mal.
Esto desencadena una crisis generalizada en el país, datos ilustrativos, PDVSA en 2014 aportaba a la Misión Alimentación (estructura de distribución de alimentos a bajo costo en almacenes comunitarios) un aproximado de 1.676 millones de dólares y en el 2016 invirtió sólo 316 millones, para el 2018 el programa desaparece y la política de alimentación se reduce a una bolsa de comida mensual en algunos hogares que se hayan inscrito en el “Sistema Patria”.
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El futuro de Venezuela sigue siendo una incógnita sin despejar.
Imaginen el impacto que esto tuvo en los hogares mas pobres, adicionalmente, el sector salud (Sistema Barrio Adentro) pasó en los mismos años de recibir 4.321 millones de dólares a tan sólo 144 millones. Un súbito desmantelamiento del sistema de programas sociales y atención al ciudadano. Esto no es fortuito, fue una política sistemática desplegada en toda la nación. Pero veamos quienes son los responsables de pensar, diseñar y ejecutar esas políticas.
Sin lugar a dudas Nicolás Maduro lidera al gobierno acompañado por su esposa Cilia Flores, abogada y expresidenta del parlamento que ha sabido armar un entramado familiar en el poder.
Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, en la actualidad ha cumplido un rol clave en dos tareas fundamentales, por un lado, la creación de sistema de intimidación, coerción y coacción de la población a través de políticas de control y disciplinamiento; adicionalmente ha sido el arquitecto de una política de propaganda encubridora de la crisis y descalificadora de los adversarios que sobrepasa cualquier imaginación.
Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta ejecutiva, como Canciller de Nicolás Maduro fue capaz de dinamitar todos los espacios unitarios latinoamericanos. Diosdado Cabello, militar y diputado, ha sido el armador de una estructura de partido verticalista, obediente e irreflexivo que cumple a raja tabla las órdenes de defender a Nicolás Maduro.
Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa desde 2014 y ejecutor de todas las alianzas de Nicolás Maduro con el sector militar y quienes se han visto favorecido en la obtención de jugosos negocios a cambio de una “lealtad” y protección armada.
Y finalmente, Tareck El Aisami, actual ministro de Petróleo y de finanzas, no sabe de petróleo, pero si de armar una política de proliferación de granjas minadoras de criptomonedas viabilizando así una maquinaria de legitimación de capitales.
Estos son los que toman las decisiones en Venezuela, por este conjunto de personas han pasado todas las decisiones en los últimos 9 años. Estos son el rostro del madurismo. La política que han desarrollado ha sido inestable, carece de planificación a largo plazo, ha sido un gobierno que improvisando alcanzó 3 grandes momentos. El primero: no decidir nada (2013-2015) bases claves para la crisis, el segundo: excluir del gobierno a todos los que representaran una amenaza a Nicolás Maduro (2014-2017) y el tercero: la fabricación constante de enemigos (internos y externos) permitiendo implementar políticas de control y represión en defensa de Nicolás Maduro.
Este gobierno no sólo se debe evaluar por las personas que lo integran sino por el resultado de sus políticas. En 2012 la FAO-ONU había reconocido el éxito del programa de alimentación de Chávez para reducir el hambre en el país, alcanzando disminuirla en un 50%, esa misma institución publicó un reciente informe donde indica que Venezuela registra la mayor tasa regional de subalimentación -personas que no logran adquirir alimentos suficientes para cubrir necesidades alimentarias- alcanzado a 6.5 millones de personas el 22, 9% de la población total.
Esto como consecuencia de una política que reseñamos en el texto y que fue deliberada, el hambre como mecanismo de control. A esta política de hambre se acompañó con una sistemática política de represión en los sectores populares y en las filas de la oposición, durante los últimos 3 años la Consejo de DDHH de la ONU ha denunciado el uso de ejecuciones extrajudiciales como mecanismo sistemático y extendido, la desaparición forzada de personas, el encarcelamiento sin proceso judicial, la incomunicación y la tortura como mecanismo recurrente y esto fue desplegado simultáneamente al recorte en las políticas de alimentación, es decir, hambre y plomo.
El futuro de Venezuela sigue siendo una incógnita sin despejar, un país que se ha convertido en una dramática desilusión. La complejidad es algo que atraviesa a Venezuela. El rol de la oposición, sus estrategias, la violencia política, las intervenciones internacionales, el bloqueo comercial y financiero, la incapacidad hemisférica para facilitar un proceso de diálogo, todo, todo esto es parte de una complejidad llamada Venezuela.
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