La investigación de Bellingcat se basó en datos de vuelos y telecomunicaciones, e identificó a 8 agentes del servicio secreto ruso que siguieron a Navalny previamente al ataque y que tenían vínculos a una agencia de armas químicas.
El Kremlin acusó a las agencias de inteligencia estadounidenses por haber filtrado información del caso.
Putin desestimó las acusaciones, alegando que Navalny no era lo suficientemente importante como para ser un objetivo.
“Si hubieran querido eso, habrían terminado el trabajo”, dijo en referencia a los agentes del servicio acusados de ser responsables del ataque.
No nombró a Navalny por su nombre, lo llamó "el paciente de Berlín".
Navalny fue intoxicado con Novichok en agosto y casi murió en el ataque. Fue trasladado tras ser tratado inicialmente en Siberia a la clínica Charité en Berlín.
El Kremlin niega cualquier involucramiento en el hecho.
El presidente pareció reconocer con un lenguaje ambiguo que el FSB estaba siguiendo a Navalny pero negó que lo hubieran envenenado o intentado matar.
Putin proclamó sin evidencia que "el paciente de Berlín" estaba recibiendo apoyo de servicios de inteligencia estadounidenses. "Si eso es correcto, entonces es interesante, entonces por supuesto que nuestros servicios especiales necesitan vigilarlo."
"Pero eso no significa que necesita ser envenenado, ¿quién lo necesita? Si hubiesen querido, hubiesen terminado el trabajo", dijo Putin.
"Lo más importante es la respuesta de Putin: confirmó que agentes del FSB seguían a Navalny. Solo que no para envenenarlo sino que para seguirlo", escribió la portavoz de Navalny, Kira Yarmysh, en Instagram.