¿IA fuera de control?
El pontífice escribió también que "esta tecnología está diseñada para aprender y tomar ciertas decisiones de forma autónoma, adaptándose a nuevas situaciones y proporcionando respuestas no previstas por sus programadores".
La imprevisibilidad de la IA y chatbots en las respuestas aumentan la percepción de falta de control sobre estos sistemas avanzados. La IA está creciendo a un ritmo inimaginable, no tenemos control real sobre sus avances. Ya está cambiando nuestra cultura. Cada vez es más difícil prescindir de esta manipuladora tecnología que traza límites borrosos entre la realidad y la ficción.
El mismo Papa fue en varias ocasiones víctima de deeps fakes. Más allá de las alertas mundiales sobre la IA y los pedidos de paralizar los avances de la IA, las grandes corporaciones tecnológicas siguen lanzando y promocionado sus propios chatbots con mejoras cada año (ChatGpt de OpenAI, Gemini de Google, Grok de xAI, etc).
Agregó el pontífice que "cómo toda actividad humana y todo desarrollo tecnológico, la IA debe ordenarse a la persona humana y formar parte de los esfuerzos para lograr una mayor justicia".
Por ello abogó en el final de su misiva que los gobiernos y las empresas ejerzan "la debida diligencia y vigilancia" para gestionar las complejidad de la IA y para garantizar que la IA se use “para el bien de todos".
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La IA relegará al humano a un rol secundario.
Si bien estas herramientas pueden impulsar el progreso en la ciencia, educación y medicina, agravan la desinformación y la manipulación masiva, hasta influyen en los resultados electorales.
Los anuncios de los magantes tecnólogos no contribuyen a mitigar el temor sobre la posible futura caída humana a manos de la IA. Semanas atrás, Elon Musk dijo que todo el conocimiento humano para seguir entrando a las IAs se había agotado y propuso que use información sintética, es decir, que se entrenen a sí mismas.
Jürgen Schmidhuber, el alemán precursor de la Inteligencia Artificial, desde los 90 ha estado intentado crear científicos artificiales para que ellos mismos forjen sus propios modelos de entrenamiento y vayan superándose todo el tiempo. En ese marco, la IA superaría las limitaciones y sesgos humanos y se convertirían en sistemas autoevolutivos. Esto, según expertos, significaría la creación de una cultura propia, indecible para el hombre, y la humanidad quedaría relegada a un rol secundario.
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