A modo acongojado, con vergüenza en una parte del libro, rememora cuando dejó a un excompañero de colegio casi inconsciente, en un pleito, y recuerda que casi perdió la cordura, por poco.
Si considero cuál es el mayor regalo que deseo del Señor, y he experimentado, es el don de la vergüenza Si considero cuál es el mayor regalo que deseo del Señor, y he experimentado, es el don de la vergüenza
Rememorando aquel pleito, afirma que “incluso perdió el sentido” después de golpearse la cabeza al ser arrojado al suelo e insiste en que aún hoy comete “errores y pecados” como todo mortal.
En otro tramo del libro, sobre el escándalo de los abusos sexuales en la Iglesia católica, dice que se ha sentido “llamado a asumir la responsabilidad de todo el mal cometido por algunos sacerdotes”.
Al respecto, explica que al inicio de su pontificado en 2013, el papa emérito Benedicto XVI le entrega por aqueñ entonces una gran caja blanca llena de documentos “relacionados con las situaciones más difíciles y dolorosas: casos de abusos, corrupción, negocios oscuros, fechorías”.
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El papa Francisco saluda a la multitud desde el papamóvil al final de la misa del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano el 24 de marzo de 2024. Alberto Pizzoli/AFP/Getty Images
Un asesinato y un suicidio: huellas de dolor en el corazón de Bergoglio
En un momento del propio relato autobiográfico, Jorge Bergoglio, devenido en Papa Francisco, recuerda dos muertes que lo marcaron por completo.
Según su propio relato, cuando estudiaba en la Escuela Técnica Especializada en Industrias Químicas N°12, un compañero de clase a quien describe como una persona brillante, asesinó a un amigo del barrio con el arma que tomó de su padre.
Este suceso cambió radicalmente su forma de percibir la vida. El joven terminó recluido en un manicomio penal, y Jorge Bergoglio, lejos de darle la espalda, lo visitó en aquel lugar.
Esta experiencia resonó demasiado en su ser, y de hecho, la catalogó como "perturbadora". Es más, recordó cómo defendió al joven, convertido en asesino, de los comentarios despectivos que corrían por la escuela y el barrio.
Lamentablemente, según relata Bergoglio, el muchacho tras salir del reformatorio, a sus 24 años, se quitó la vida. Por eso habla de "dos muertes" que lo atravesaron; la primera, cuando su compañero mató su amigo, y la otra, cuando se suicidó.
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