Después del saludo del decano, Jean-Claude Michel, embajador del principado de Mónaco ante la Santa Sede, el Papa pronunció una alocución con un fuerte carácter programático. Hay muchos motivos por los que elgigió el nombre de Francisco de Asís, explicó el nuevo Pontífice, “una personalidad que es muy conocida más allá de las fronteras de Italia y de Europa e incluso entre los que no profesan la fe católica. Uno de los primeros es el amor que Francisco tenía por los pobres. Cuántos pobres existen todavía en el mundo. Y cuánto sufrimiento encuentran estas personas. Siguiendo el ejemplo de Francisco, la Iglesia siempre ha tratado de cuidar, custodiar, en cada rincón de la Tierra, a los que sufren por indigencia y creo que en muchos de sus países pueden ustedes constatar la generosa obra de los cristianos que actúan para ayudar a los enfermos, a los huérfanos, a los que no tienen casa y a todos los que son marginados, y que trabajan de esta forma para edificar sociedades más humanas y más justas”.
Pero, indicó Bergoglio, también existe otra pobreza. “Es la pobreza espiritual de nuestros días, que afecta gravemente incluso a los países considerados más ricos, es lo que mi predecesor, el querido y venerado Benedicto XVI, llama la dictadura del relativismo, que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres”, subrayó el papa Francisco.
Por ello, y este es el segundo motivo por el que eligió el nombre de Francisco, hay que seguir su ejemplo y “edificar la paz. Pero no hay verdadera paz sin verdad. No puede haber una paz verdadera si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reivindicar siempre y solamente el propio derecho, sin importarle al mismo tiempo el bien de los demás, de todos, a partir de la naturaleza que acomuna a todos los seres humanos en esta Tierra. Uno de los títulos del Obispo de Roma es Pontífice, es decir aquel que construye puentes, con Dios y entre los hombres”.
Francisco subrayó justamente que el “diálogo ayuda a construir puentes entre los hombres, para que cada quien pueda encontrar en el otro no un enemigo, no un competidor, sino un hermano que hay que recibir y acoger”. Así, el Papa también animó a los diplomáticos a intensificar el diálogo entre las religiones, sobre todo con el Islam, de cuya delegación apreció mucho la presencia durante la Misa de inicio del ministerio petrino.