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Un gimnasio era el centro de una mega red de orgías con niños

Fernando Torres Baena, el principal imputado en el 'caso Kárate', fue condenado en España a 302 años de prisión, por ser un "depredador sexual". Utilizaba "como cebos sexuales" a su propia mujer, María José González, y a la monitora Ivonne González, también condenadas. "Bajo el paraguas de supuestas concentraciones deportivas, se desarrollaron durante al menos los últimos 15 años auténticas orgías", dice la sentencia.

 

La Audiencia de Las Palmas corroboró que un gimnasio de kárate en Gran Canaria albergó la mayor trama de pederastia jamás descubierta en España, y en el falló relató los mecanismos que la convirtieron durante 2 décadas en una "cuasi secta sexual".
 
La sentencia, de 199 folios, dictada este viernes 15/03 por los magistrados Salvador Alba y Carlos Vielba, describe cómo se comportaba la "pirámide de abusos" construida por Fernando Torres Baena, un deportista de prestigio internacional en su especialidad (las artes marciales), admirado e idolatrado por sus alumnos.
 
El resultado del juicio penal deja al descubierto que detrás del prestigioso "sensei" había un "depredador sexual", que trataba de imbuir a sus alumnos desde la más temprana edad su particular filosofía para satisfacer sus deseos y organizar con ellos todo tipo de orgías.
 
Y, para lograrlo, no dudaba en utilizar "como cebos sexuales" a su propia mujer, María José González, y a la monitora Ivonne González, condenadas, como él, a penas centenarias.
 
Algunos extractos de la sentencia:
 
> "Se ha dicho en este proceso que Torres había creado una cuasi secta sexual. Y es cierto. Ya lo hemos visto y lo hemos reflejado en esta sentencia. Horas y horas de entrenamiento con la única finalidad de que hubiera el mínimo contacto posible con el mundo exterior".
 
> "Las víctimas eran sometidas desde temprana edad a largas charlas de contenido sexual, impartidas por el acusado Torres Baena, y en ocasiones por María José e Ivonne González. En estas charlas, los acusados hablaban a niños de las grandezas de mantener relaciones sexuales de todo tipo, de cómo eso les haría mejores personas, mejores luchadores, karatekas de éxito, y no dudaban en ponerse a sí mismos como ejemplo claro".
 
> "A estas charlas sexuales tenemos que unir el hecho de que los acusados se presentaban a los alumnos y víctimas como su propia familia. A unos les declaraban su amor, como por ejemplo sucedió con Ruth (nombre supuesto de una víctima) y la acusada María José González. A otros les decían que sus padres no eran nada, que ellos les entendían de verdad, que sus padres pasaban de ellos".
 
> "El carácter cuasi sectario del entorno, el evidente abuso de la confianza depositada por sus alumnos, el ataque atroz e indiscriminado a esa confianza, a la libertad e indemnidad sexuales de la víctimas, lleva a este tribunal a penar con dureza tales hechos, que merecen la más absoluta repulsa penal".
 
> "Este tribunal no puede dejar de exhortar al legislador para que considere la agravación de las penas previstas para supuestos como el que hoy juzgamos. Es cierto que el bien jurídico protegido es eminentemente personal, la libertad e indemnidad sexual de las personas. No obstante, no podemos ser ciegos o sordos a lo que en este proceso se ha probado".
 
> "Era fácil para los acusados acceder a mentes inmaduras, prometer algo deseable para estos chicos y chicas, la gloria, la fama, el éxito en el kárate, pero el éxito al fin y al cabo. Para ello idearon el vehículo del sexo".
 
> "Bajo el paraguas de supuestas concentraciones deportivas, se desarrollaron durante al menos los últimos 15 años, auténticas orgías sexuales, donde los menores no solo se debían prestar a cualquier tipo de actividad sexual con Fernando Torres Baena sino que eran inducidos a mantener las mismas prácticas con cualesquiera otros de los alumnos menores asistentes, sin distinción de edad, sexo o número de participantes".
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El firmante del voto discrepante, Emilio Moya, añadió:
 
"'El gimnasio era un puterío'. Así de simple, expresivo y tajante. No lo digo yo, sino uno de los alumnos que no aparece ni mencionado en los escritos de acusación y que no se consideró víctima. La frase la traemos a colación porque es lo suficientemente gráfica para describir el ambiente con que se encontraban algunos de los menores, no todos, que acudían al gimnasio para aprender karate".
 
Huir a Cuba
 
El principal acusado del caso kárate, Fernando Torres Baena, advirtió a uno de los pupilos de su academia de que "se iría a Cuba" si se descubrían las prácticas sexuales que realizaban en su gimnasio y en su chalé monitores y alumnos, según ha relatado un testigo.
Este joven, identificado como testigo número 25, ha explicado en el juicio que se sigue en la Audiencia de Las Palmas que, hasta "los 9 o 10 años", fue alumno de Torres Baena y de otro monitor imputado en esta causa y que dejó el gimnasio que el primero regentaba en Las Palmas de Gran Canaria en 2005, cuando su familia se mudó a otro municipio de la isla.
 
Durante todo ese tiempo, este testigo frecuentó a diario el gimnasio de Torres Baena, donde pasó las tardes entrenando durante una hora y "jugando y divirtiéndose" con sus compañeros durante otras 4.
 
Eso hizo que llegara a considerarlo "como un padre", al que contaba sus problemas y miedos, ya que pasaba con él más tiempo que con su familia.
 
También a él Torres Baena le "lavó la cabeza" sobre los beneficios que tenía el sexo para ser un buen karateca, lo que hizo creer a este chico que el "libertinaje" que veía en el gimnasio, "donde todos se saludaban con un pico (beso en la boca)", estaba relacionado con el "buen rendimiento deportivo".
 
El testigo Nº25 ha manifestado que el primer contacto sexual que tuvo con Torres Baena a los 10 u 11 años y tuvo lugar en las oficinas de su 1er. gimnasio, donde le sentó sobre sus rodillas y le masturbó. Cuando apenas había transcurrido 1 mes de ese episodio, el chico tuvo su primera "relación sexual completa" con su monitor, en esta ocasión, sobre un tatami de una sala contigua a las oficinas.
 
El testigo ha asegurado que, a partir de ese momento, las relaciones sexuales con Torres Baena y con María José González, esposa de éste, y también imputada en la causa, fueron continuas, tanto en los 2 gimnasios del karateca, como en su chalé agüimense de Playa de Vargas, que frecuentó 4 o 5 fines de semana al año.
 
En esa casa, el testigo también tuvo relaciones sexuales con otra monitora imputada en este caso, Ivonne González, y con varios alumnos, unas prácticas que, según ha dicho, le recomendaba Torres Baena, quien le indicaba "con quién tenía que estar".
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Este testigo ha asegurado al fiscal que nunca pensó en rebelarse porque llevaba "media vida en el gimnasio", donde le habían hecho creer que "era lo único que tenía", y ha admitido, a preguntas de la acusación, que a día de hoy "no ha contado nada ni a su familia ni a su pareja", al tiempo que ha afirmado que nunca se hubiera atrevido a denunciarlo solo "por vergüenza y porque no lo veía como algo malo, sino normal".
 
También ha explicado que a los 2 años de dejar el gimnasio, y siendo ya mayor de edad, aceptó una oferta de trabajo de Torres Baena para que se hiciese cargo de la página web y el mantenimiento informático del centro, a cambio de un sueldo de 300 euros, lo que implicó que se trasladara a vivir durante unos 6 meses a su casa de Vargas, donde dormía y comía.
 
Este testigo ha manifestado que Torres Baena llegó a decirle que se iría a Cuba si "salía a la luz" lo que ocurría en su gimnasio y en su chalé de Vargas, lo que ocurrió cuando él aún trabaja allí.
 
Además, ha dicho que, ante los problemas que daba la testigo Nº16, que tenía una relación con María José, Torres Baena le pidió que se hiciera pasar por el novio de esta chica, "porque su madre no se fiaba de ella", a lo que también accedió porque, según ha reiterado, para él su monitor era como un dios que "te hacía ver lo blanco negro". 
 
A preguntas de la defensa de Torres Baena, este testigo ha admitido que nunca lo vio tener relaciones sexuales con otros alumnos, "sino entrar en las habitaciones" de la casa de Vargas donde dormían los monitores, en las que también entró él en varias ocasiones para tenerlas con sus profesores y con otros compañeros del gimnasio.
 
Este testigo ha manifestado que nunca se sintió abusado por los compañeros de gimnasio con los que Torres Baena le incitó a tener relaciones sexuales, porque los veía "como a él mismo".
 
En la vista oral celebrada hoy, también ha declarado la testigo número 24, quien fue varios años alumna del gimnasio de Torres Baena, donde la imputada Ivonne fue su monitora.
 
Torres Baena le explicó que existían dos tipos de karatecas: los mejores, que estaban en el grupo A, y los que, como ella, estaban en el B, y le indicó que para estar en el primero tenía que pasar "unas pruebas".
 
Así fue como el dueño del gimnasio, en el que permaneció hasta que cumplió 12 años, le invitó a "besar y hacer otras cosas" a Ivonne durante un campamento de verano que se desarrollaba en su casa de Vargas, a lo que ésta accedió porque quería pertenecer al grupo A y dejar el B, "donde no se es nadie".
 
Esta testigo aseguró que Ivonne González la llevó una noche a una casa en obras cercana al chalé de Vargas, donde le explicó cómo se hacía sexo oral y le dio un beso con intención de mantener relaciones sexuales en una habitación donde sólo había un colchón en el suelo, a lo que no accedió ni en ésta ni en las posteriores ocasiones en las que su monitora trató de convencerla de regresar al inmueble.

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